Diario de León
Publicado por
cuerpo a tierra antonio manilla
León

Creado:

Actualizado:

Cuando, después de varias tentativas frustradas, el telégrafo logró al fin tirar línea a través del océano como para unir Europa y América, el escritor Stefan Zweig afirmó lo siguiente: «Se trata de un triunfo sin igual: por primera vez desde los orígenes del pensamiento humano una idea se difunde a la misma velocidad a la que se produce». Puede leerse en alguna de las periódicas reediciones de Momentos estelares de la humanidad, un libro recomendable aunque escrito con esa prosa un poco abombada, como de madera expuesta a la lluvia, que tanto éxito le produjo en su época al escritor austriaco y también ahora.

La de Zweig —sin considerar siquiera que esa primera comunicación consistió en un romo mensaje de felicitación de la reina de Inglaterra— a mí me resulta una frase francamente optimista respecto a la importancia del pensamiento humano. Incluso, me parece —y sé que la nuestra es una época de comunicación súbita—, respecto a la importancia de la velocidad para según qué cosas. En el cacao o el café solubles veo alguna razón de peso a favor de la instantaneidad, igual que en las noticias, aunque no siempre, sobre todo las malas. Pero ¿respecto al pensamiento? En este negociado, urgencias las mínimas. Se queda expuesto a la chufla y a la propaganda inversa y risueña de las redes sociales, esa tecnología posdemocrática de la que la moral parece exiliarse demasiado a menudo refugiada en el anonimato, pero que sirve para detectar anormalidades con una precisión que para sí quisieran las asambleas de Podemos, las oposiciones a cátedra y las pruebas para obtención de armas. Ignoro si existen cursos municipales de pensamiento urgente en el concejo de Madrid —me inclino a pensar que sí, sólo nos falta ver la obtención doctorados a través del móvil—, pero, de ser así, tal vez Manuela Carmena se estará arrepintiendo ahora de no haberlos hecho. Porque Carmena, que ha manifestado que ETA es «un movimiento político», seguramente es una persona de inteligencia dentro de la media y a estas alturas ya tiene que haberse percatado de que ha metido la pata. Aunque, pensándolo bien, este tipo de declaraciones no tienen nada que ver con la inteligencia o el pensamiento, sino con la decencia, que no se aprende en los libros ni en la escuela, sino en la familia.

tracking