Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Tauromaquia

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E n la actualidad se está poniendo de moda criticar el arte del toreo. Con distintas motivaciones y argumentos se cuestiona el hecho de que ponerse delante de un toro no es arte y más bien constituye un acto vil que degrada a quien lo hace y no causa más que sufrimiento al toro.

Frente a este tipo de consideraciones entiendo que lo primero, por obvio, es que ponerse delante de un toro requiere algo de lo que no andamos sobrados en nuestros tiempos y que es valor. Consecuencia de ello, entiendo que se debe reflexionar con un poco más de detenimiento cualquier opinión al respecto y pensar que se está haciendo un juicio negativo sobre un acto que implica intrínsecamente valentía. Esta, históricamente se ha considerado como algo positivo de la condición humana, aunque con el proceso de inversión de valores que se está imponiendo en la actualidad quizás, su oponente la cobardía adquiera una connotación positiva y sea mérito curricular.

Se critica al toreo que se defina como arte. Yo entiendo que sí es arte. Arte es, entre otras muchas cosas, una creación transcendente que hace vibrar el alma. Esto, en mi opinión lo consigue de sobra el toreo. Además, en estos momentos atribulados el arte del toreo viene muy bien para afrontar las múltiples dificultades y peligros que nos rodean.

Veamos como el toreo nos puede ayudar en el devenir próximo. Lo primero que hace un torero al prepararse para la corrida es sujetarse bien el «paquete», con perdón, pero no encuentro palabra más elocuente sin caer en la vulgaridad, y colocarlo a derecha o izquierda, depende para donde «cargue».

Una vez que ya está vestido y en la plaza, tras todos los parabienes y festejos de la cuadrilla y aficionados, se queda solo esperando la salida del toro. Aquí vuelve a echar mano de la entrepierna, aunque ahora en sentido figurado, y recto como el mástil de la bandera espera impertérrito el destino. Templanza es lo que necesita ante el Miura que se acerca. No cae en pánico, para eso ha nacido y ha ensayado miles de veces esta situación.

Hay que tener temple y arte, cansar al toro y «torear». Llegan las banderillas, hay que picar a la bestia para aplacarla. Finalmente se entra a matar a pecho descubierto, el juego de muñeca es determinante en el éxito o fracaso. Silencio en el ruedo hasta que termine el choque de titanes. Aquí no hay ventaja de los oponentes, línea recta y de frente.

Pues bien, ante el toro que parece que se nos avecina en breve, creo que sería bueno hacer de la práctica del toreo virtud. Primero, debemos echar mano a la entrepierna, no para agarrarnos como los toreros las partes nobles, sino para comprobar si siguen ahí por, si como dice la expresión castiza, se nos han «caído al suelo» ante tanta desgracia nacional.

Segundo, hacer gala de la templanza referida. Esto lo veo más complicado, porque precisamente eso lo consiguen ellos y por eso se les llama maestros. Yo creo que más que templanza se nos avecina un tembleque físico y mental difícil de contener. Por supuesto nada de poner banderillas a la crisis que nos puede no pillar, sino atropellar, en todo caso habrá que poner tiritas y cada uno las que pueda o le dejen. Nada que decir en lo que respecta a encarar a la bestia económica porque sencillamente no está en nuestras manos. Si por desgracia le vemos la mirada, al contrario del torero, mejor salimos corriendo porque el topetazo puede ser mortal.

En resumen, las virtudes del toreo, valor, templanza y el hecho de ser arte se lo cedemos a sus justos depositarios, los maestros de la tauromaquia. He dejado para el final un rito que todo toreo cumple a rajatabla y es el de rezar a tal o cual virgen. Este sí que lo recomiendo encarecidamente, porque no requiere más que fe y pedir. Y es que como nos venga encima otro toro en forma de una nueva crisis, solo nos queda rezar como dice un amigo mío que por no creer no cree en su propia existencia al considerarse un accidente de los sentidos.

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