Diario de León
Publicado por
MARINERO DE RÍO EMILIO GANCEDO
León

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Yo en esto del Facebook, lo mismo que decía Antonio Pereira de la masturbación: ni me paso ni me quedo corto. Pero otros sí que se pasan y corren verdadero riesgo de quedarse ciegos lo mismo que se amenazaba antes, venga a darle a la manita del ‘me gusta’. Porque dicen que es creciente la costumbre de algunos de meterse en la cama con el móvil o el aifon o la tableta o el portátil (cuántas pantallas, qué pocas diferencias dentro), y mientras la pareja ronca o le comenta a las paredes los sucesos del día, empezar a bajar el cursor y resbalar sin fin por encima de párrafos, vídeos y fotos que informan con mucho pormenor de una enmarañada espesura de cumpleaños, despedidas de soltero y soltera, viajes diversos, primeros dientes, primeros paseos en bici, primeras borracheras, trompazos desde toboganes y trampolines, conferencias, exposiciones, artículos de prensa, anuncios, denuncias y hasta lecturas de tesis. La verdad y la mentira, digital y en vertical. Mucha galería y mucha tribu. A veces, críticas, insultos y vergonzantes palabras constitutivas de delito que jamás se pronunciarían frente a frente. Pero ante todo jabón, sonrisa, guiño cómplice y reparto y comparto con la acera de los propios. Como una calle Ancha planetaria.

Hay tanto que en realidad no hay nada. Puntualmente cosas útiles, sin duda, pero esa gente que lo lee y repasa como una novela, o que lo usa como enjuague y escape, me hace recordar otras noches: las de esa generación de guajes que devorábamos bajo las sábanas a Salgari o a Verne o a Stevenson, las de esos chavales que, como recordaba el otro día el amigo Alberto Flecha, nos dejábamos envolver por una historia y un ambiente, transportados a otra época y país y metidos en la piel de piratas y aventureros merced a un objeto mágico hecho de papel tintado y pasión humana, el libro.

Una única historia bien contada tiene un poder evocador y multiplicador con el que jamás contará el cegador arcoiris del ‘feis’. En la epopeya de Gilgamesh, escrita hace más de 4.500 años, están ya condensados todos los grandes temas, el amor y el dolor, la amistad, el afán por ser inmortal. El hombre en 80 páginas. Parar y centrar. Ir a lo pequeño y verdadero en un mundo que marea y atontona. No es pequeño el reto que tenemos por delante.

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