Héroes en la calle
Dos años de tregua han desestresado mucho las cosas entre los papones, cofrades, nazarenos y demás terminología que si se confunde roza para algunos el sacrilegio. El tráfico de las webs y las apps con las previsiones metereológicas ha bajado drásticamente porque parece que ese ciclo en el que no faltaba ni la lluvia, el granizo, el viento o los rayos ha dado paso a unas semanas santas como las de antes, en las que sólo muy puntualmente llegaban las suspensiones o las carreras de vuelta a la iglesia.
Vivimos tiempos en los que es difícil percibir si hay pelo en el entrecejo de la gente porque parece que lo del gesto preocupado o directamente enfurruñado se ha convertido en la pauta habitual. Y quizá eso invita aún más a disfrutar de la ilusión. La de los pequeños o la de los mayores que descuentan horas para sus procesiones pero también de esas personas cuya vida cambia radicalmente cuando hay buen tiempo.
En Semana Santa se llenan las calles de héroes. Y no me refiero a los que van debajo de los pasos, ni a quienes organizan las procesiones, ni a quienes pasan horas de pie aguardando en las aceras... me refiero a esa realidad que muchas veces pasa desapercibida y que está muy presente en muchos hogares. En estos días tan especiales, y de manera singular en las jornadas más festivas como Ramos, Jueves Santo o Pascua las aceras y las calles exhiben esos incontables héroes anónimos que viven o comparten vida con la discapacidad o con quienes atesoran esa riqueza que permite quedarse sin dedos al contar las décadas acumuladas.
En otros momentos del año quizás no se percibe tanto como en estos días en los que las ciudades y los pueblos se vuelcan con sus zonas más céntricas. Hay otros momentos intensos en el año pero en Navidades hace frío y en San Juan o San Froilán las posibilidades están más dispersas. Es en Semana Santa cuando se ve más a esos a los que no siempre les alcanzan las pensiones para lo que necesitan, quienes ‘chocan’ con mobiliario urbano o motos mal aparcadas, a esos que para conseguir la ayuda a la dependencia les cuesta sudor y lágrimas o a quienes cada día aprietan los dientes para convivir con el dolor o para seguir peleando por mantener esa esperanza de que puede haber una mejora o al menos mantener las cosas como son.
Buena puja, como dicen los papones, para todos ellos. Y con sol para disfrutarla.