Diario de León

TRIBUNA

Pregón sobre la Pasión de Cristo

Publicado por
Prisciliano Cordero del Castillo sociólogo
León

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A modo de antiguo pregonero, como los que existieron en las alcaldías mayores y en las audiencias judiciales, cuya misión era anunciar los acontecimientos importantes por las calles de las ciudades y acompañar a los reos pregonando sus delitos y las penas impuestas, así yo hoy me presento como pregonero voluntario para vocear por las calles y plazas de nuestra ciudad lo que hace 2.000 años sucedió a un galileo ajusticiado. Con mi Pregón quiero recordar los últimos días de la vida de un tal Jesús de Nazaret, que fue condenado y ejecutado en Jerusalén, tal como lo narran los evangelistas, periodistas de aquel entonces.

Los evangelios consideran la Pasión de Cristo como una unidad que comprende la Última Cena, la Oración en el Huerto de los Olivos, el Juicio y Condena a muerte en Cruz y la Resurrección. Para ubicarnos en los días en que tuvieron lugar estos hechos, debemos recordar lo que significa la Fiesta de Pascua que celebraban los judíos cada año, y que Jesús y sus apóstoles, que también eran judíos, celebraron aquel año. Es la conmemoración de la salida de Egipto del pueblo de Israel. Pues bien, Jesús como buen judío acudió a Jerusalén para celebrar la Pascua con sus discípulos, y a partir de esta celebración comienzan el proceso, la condena, la muerte y la resurrección del Nazareno. Pero en realidad, de qué se le acusa al nazareno y cuál fue el camino recorrido desde su Última Cena a la condena a Muerte, y de la Cruz a la Resurrección.

Los apóstoles Mateo y Juan, que fueron testigos presenciales y participantes, narraron la última cena de Jesús, y Marcos y Lucas, aunque no estuvieron presentes, complementaron el relato con algunos detalles, e igualmente hizo un tal Pablo de Tarso. Estas fuentes nos dicen que la noche antes de su muerte, Jesús se reunió con sus discípulos para celebrar la Pascua judía (Mr. 14:14-16). Durante esta Cena, Jesús introdujo alguna novedad en el rito pascual judío: primero les lavó los pies, actividad propia de los siervos, y luego tomó un trozo de pan y una copa de vino y bendiciéndolo les dijo «tomad y comed, este es mi cuerpo, y tomad y bebed, esta es mi sangre derramada por todos». «Haced esto en memoria mía». Anunciándoles así la proximidad de su muerte y mandándoles que continuasen celebrando este rito.

Después de cantar las alabanzas, Jesús y sus discípulos recorren el camino hacia el monte de los olivos. «Entonces llegó Jesús con ellos a una finca llamada Getsemaní, y dijo a los discípulos: Sentaos aquí mientras voy allá a orar». Ellos van a ser testigos de algo muy difícil de entender: la agonía de Cristo. Jesús se retira como a un tiro de piedra a un lugar donde existe una enorme roca, y «empezó a entristecerse y a sentir angustia. Entonces les dijo: Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo» (Mt).

Los sumos sacerdotes y los doctores de la Ley desde hace tiempo buscaban una ocasión para apresar al nazareno, y uno de los suyos, Judas Iscariote, fue a los sacerdotes y se ofreció para entregárselo, por lo que le dieron una buena recompensa: treinta monedas de plata. Desde aquel momento, Judas buscaba la ocasión para entregarlo. (Mc. 14, 1-2 y 10-11). Todavía estaba Jesús en el huerto hablando con los suyos, cuando unos hombres guiados por Judas entraron en el huerto. Éste se acercó a Jesús para darle un beso de saludo. Jesús le dice: Judas, ¿con un beso me entregas? Desde allí Jesús es llevado ante el Consejo Supremo de los judíos (Sanedrín), donde le preguntan: ¿Así que tú eres el Hijo de Dios? Jesús respondió: Vosotros mismos lo estáis diciendo: lo soy. Entonces exclamaron todos: Ya no necesitamos testigos. Todos hemos oído lo que ha dicho. (Lc. 22, 67-71). Y lo mandaron ante Poncio Pilato, porque era el que tenía autoridad para mandarlo matar. Ante Pilato, le acusaron de alborotar al pueblo y de hacerse pasar por rey. Entonces Pilato le pregunta: ¿Tú eres Rey? Jesús contestó: Mi Reino no es de este mundo. Pilato dijo a los que acusaban a Jesús: No veo ninguna razón para declararlo culpable. No obstante ordenó que lo azotaran; luego lo presentó a sus acusadores y les dijo: «Mirad a este hombre». Pero ellos gritaban más alto: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! Pilato tuvo miedo y lo condenó a morir en la cruz. (Jn. 18, 28 a 19, 16). Jesús, condenado a muerte, cargó con su cruz hasta las afueras de Jerusalén, hasta lo alto de la colina que se llamaba Gólgota. Y allí lo ejecutaron, clavándolo en una cruz. José de Arimatea, miembro del Consejo Supremo de los Judíos, pidió permiso a Pilato para darle sepultura, y lo puso en un sepulcro excavado en la roca. Después colocó una gran piedra para tapar la entrada del sepulcro. La pasión de Jesús termina con la Resurrección, hecho histórico avalado por testimonios orales y escritos de personas que vivieron ese acontecimiento y son dignas de fe. Se conservan con una antigüedad de cerca de 2.000 años unos testimonios escritos por hombres, algunos de los cuales contemporáneos de Jesús, que fueron testigos presenciales de los hechos que narran, que dieron su vida para autentificar lo que escribían y que murieron mártires por Jesucristo. Estos escritos son los cuatro evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de san Pablo, san Pedro y san Juan. Y estos escritos, rubricados con su propia sangre, nos cuentan cómo, después de muerto, Jesús resucitó y se apareció primero a María Magdalena y las santas mujeres; luego a Pedro y a los apóstoles; más tarde a los discípulos de Emaús; otra vez a los apóstoles, estando con ellos Tomás el incrédulo. Ante estos testimonios es imposible no reconocer la Resurrección de Cristo como un hecho histórico. Aunque también sea un misterio de fe. «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe», dice San Pablo.

Los delitos de los que se le acusa al Nazareno son: que alborotaba al pueblo y se hace pasar por el Hijo de Dios y por rey. La pena impuesta: la crucifixión. La muerte del galileo y su posterior resurrección se han convertido en un grito de liberación contra toda injusticia, contra todo abuso de poder, contra toda arbitrariedad; son un canto a la esperanza para todo hombre de buena voluntad. Así fueron los últimos días del galileo ajusticiado en Jerusalén, de Jesús de Nazaret, muerto en la cruz y resucitado al tercer día, y estos son los acontecimientos que celebramos los cristianos de León y toda la cristiandad en los próximos días de Semana Santa: la Pascua del Señor.

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