cartas al director
Parece tan reciente
C on qué velocidad recorren las agujas el reloj y qué rápido he ido quitando las hojas de ese maldito calendario, el cual me ha vuelto a llevar hasta este 23 de marzo. Quién me lo iba a decir, ni tan siquiera yo mismo lo he pensado. Han pasado dos amargos años desde aquel día tan desdichado.
Cuando la suerte llegó a mí con tu presencia siempre creí que jamás se iría. Que seguiría ¡ahí!, ayudándome a levantar cuando me observaba cansado, en tan poco tiempo, ¡la debo tanto!
Qué cansado estoy. He perdido tanto. Profesores (as) hasta amistades falsas. Cada vez que la recuerdo, de muy cuando en cuando, creo que sigue ahí y la oigo susurrando «levántate Javier», no te derrumbes, sigue luchando. Y veo esa silueta ¡con ese pelo negro y un poquito plateado! y ¡esa sonrisa, sí esa sonrisa de ánimo! y ese color que eligió el negro enlutado. Y la llamo con el pensamiento, pues aún no me lo creo, no doy crédito que María José me haya olvidado. Otros sí lo han hecho por ella. ¡No! pues por eso yo sigo aquí de pie, esperando algún día volverla a ver y charlar como en tiempo pasado.
Y escribo en las páginas de este diario, para quien lea este apartado, que sepa y lo digo bajito pero muy claro, si en esta sociedad tan absurda y en este León tan callado existieran más personas como María José Machado García otra suerte correría y cuanto esta desdichada ciudadanía ganaría. No la conocistéis y haréis mil y alguna cábala sobre este escrito que me hubiera gustado difundir al viento con palabras. Sé feliz María José Machado García, donde quiera que estés. Te seguiré recordando de vez en cuando y sobre todo cerca de mi cumpleaños recibe un beso y que se difumine y dure todo el año.
Francisco JAVIER ARIAS RABANAL. LEÓN