Diario de León
Publicado por
Acacio Rodríguez y José Mª de Francisco Olmos Consultor Internacional y Doctor en Historia Medieval
León

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H ace unas fechas desfilaban señoriales los pendones leoneses, al lado de la Giralda de Sevilla portados por la loable Asociación de Pendones de León. En una jornada de gran confraternización, discursos y rememoraciones, hubo cómo no, recuerdos a los lazos que unen la historia del Reino de León y de Sevilla. A Fernando I el Magno, rey de León que consiguió las reliquias de San Isidoro por su buena relación con el sabio Emir Al-Mutamid, y otros hechos históricos posteriores.

Existe, sin embargo, un olvido y en general un desconocimiento en León sobre la realidad de que hubo un tiempo de unión real; un Reino de León y Sevilla: Entre los años de 1296 a 1300.

El hecho sucedió en una etapa convulsa de múltiples disputas por la herencia del Rey Alfonso X el Sabio. En su segundo testamento (1284) el monarca había desheredado a su hijo, al futuro Sancho IV, en favor de su nieto Alfonso de la Cerda, dejando a otro hijo el Infante Juan los antiguos reinos de Sevilla y Badajoz, pero Sancho IV afianzó en el trono y hasta su muerte consiguió mantener el control de todo el reino.

Pero durante los primeros años de la minoría de su hijo Fernando IV, su tío el Infante Juan intentó hacerse con el trono alegando problemas legales en el matrimonio de Sancho IV y María de Molina, al tiempo que Alfonso de la Cerda entraba en Castilla apoyado por tropas aragonesas, llegando ambos a un acuerdo para que Alfonso fuera rey de Castilla, mientras Juan recibiría el reino de León, junto a los de Galicia y Sevilla, siendo coronado como tal en la ciudad de León (1296).

Desde entonces, y en medio de continuas guerras entre las diversas partes contendientes, el Infante Juan ejerció como rey de León, convocó diversas Cortes en León y otras ciudades, y como muestra de su poder emitió privilegios y sobre todo usó del poder de acuñar moneda, una regalía reservada únicamente al monarca. La moneda es un instrumento económico, pero en este caso hay que destacar su uso propagandístico e informativo, indicando quién ejerce el poder y en qué territorio, enviando un claro mensaje a sus súbditos y enemigos.

Don Juan se proclama rey de León, y rey de la Región de León. O sea, León tuvo efectivamente un Juan I. Era rey de León y Sevilla. Existen un un escasísimo dinero de vellón de la Colección Numismática Leonesa Reino de León en Hispania, que reúne las monedas más representativas e históricas de los reyes leoneses con múltiples piezas inéditas. La moneda de plata acuñada por el rey don Juan en la Ceca de León porta una curiosa grafía: Año: 1298, Ceca de León. Rey Juan de León y Sevilla. En el anverso tiene una cruz y alrededor pone: «IV Rex Legionis (Juan Rey de León). Y en el reverso: Desgastado un León y alrededor Et Legionis (y de León).

La efímera duración de este reino termina con un pacto. En las Cortes de Valladolid (1300), el infante Juan jura lealtad a su joven sobrino Fernando IV, y a cambio recibe una importante dotación territorial.

La vida de este infante-rey fue muy contradictoria, en una época inestable donde los cambios de bando fueron generalizados, siendo un personaje conflictivo, llegando a ser señor consorte de Vizcaya, tutor del joven futuro Alfonso XI en medio de una cruenta lucha con sus familiares, que terminó de nuevo con un pacto. Muriendo en 1319.

Don Juan, había pedido ser enterrado en la Catedral de Astorga, pero en su último testamento decidió hacerlo en la Catedral de Burgos, donde actualmente reposa. Su hijo, Alfonso de Valencia (muerto en 1316), yace en la Catedral de León con el escudo de armas de León y Suabia, que recuerda a los antecesores de ambos

Como hemos señalado León tiene muchos lazos en común con Sevilla; y además, el hecho de haber tenido un reino común, que aprovechando la visita de los Pendones, nos da la ocasión de recordar.

En una ciudad con tantos reyes y un emperador, la inexistencia en León de una calle dedicada a este don Juan, rey de León y Sevilla, es un olvido que debe ser reparado como recuerdo de nuestra historia.

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