Diario de León
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al trasluz eduardo aguirre
León

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Atila no puede llevar en la coraza una chapa de «Haz el amor no la guerra». O mejor, puede pero chirría. No se trata de convertir la coherencia ideológica en un puritanismo, pues a veces nuestras contradicciones nos mejoran o matizan. Cassius Clay prefirió ser encarcelado a ir a la guerra de Vietnam, pues matar iba contra sus creencias religiosas. A menudo, lo que nos parece contradictorio en alguien obedece a una lógica suya propia, que nos pasa desapercibida. Aún así, el olmo nunca dará peras. Andrés Bódalo, concejal de Jaén en Común e integrante de Podemos, ha entrado en la cárcel. Ha sido condenado a tres años y medio por un delito de atentado a la autoridad y falta de lesiones, en 2012, al entonces teniente alcalde socialista del Ayuntamiento de Jódar. ¿Una condena muy dura? La misma no se debe a una conspiración judicial sino a ser reincidente. Angelito de mano larga. Teresa Rodríguez pide que sea indultado y le ha comparado con el gran poeta Miguel Hernández, quien murió en una prisión franquista, de tuberculosis. Se han sumado a su petición: Colau, Garzón, Rufián, Kichi, Iglesias y, toma del frasco, Otegi. Vamos, el próximo Nobel de la Paz. Bódalo asegura que es inocente. «No practicamos la violencia, sino la firmeza en la lucha», dijo. Las lesiones se las debió de hacer el propio agredido, los hay muy hábiles. La política española tiene ya sus mártires: los asesinó Eta. Y un heroísmo de lo cotidiano, allí donde se lucha por mantener la calma en las dificultades.

No son los suyos «vientos del pueblo» que España necesite. Ni puñetazos al rival, ni —en efecto, como él esgrime— dentelladas impunes a las arcas públicas. Curiosamente, Iglesias ha calificado a Ciudadanos de «muy agresivos». Extraño reproche. Y además: «Cuando se es secretario general, toca arremangarse». Bódalo ha tenido siete condenas en doce años. Mucho mejor arremangarse menos.

En cambio, el karateca leonés Fernando Fernández es un ejemplo de coherencia pacífica. Con setenta años acaba de alcanzar el cinturón negro noveno dan. Sus golpes son arte del autocontrol. La suya es una utilización ejemplar de la fuerza, de la mental y de la física. Don Fernando sólo se arremanga en la cocina. Menos mal.

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