Diario de León

Publicado por
Juan Francisco García Marín candidato a rector de la Universidad
León

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E n el cuento El traje nuevo del emperador el monarca cree a los sastres embaucadores que le engañan con un traje invisible a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida. El emperador pasea desnudo mientras todos sus cortesanos alaban el traje, hasta que un niño exclama ¡pero si no lleva nada! El pueblo entero grita lo mismo pero el Emperador y sus cortesanos piensan «hay que aguantar hasta el fin». Y al final la Universidad de León, aparece en los últimos puestos, ciega y sorda a todas las advertencias y desnuda ante la sociedad. Habría que preguntarse si en este caso los que la han conducido a esta posición han sido los sastres del cuento o el emperador y sus cortesanos o ambos.

Desde hace años las universidades son valoradas en diferentes rankings que estiman la calidad de las mismas, como el recientemente publicado de la Fundación BBVA. Podemos estar de acuerdo o no con estas clasificaciones, pero lo que es evidente es que todas las universidades son evaluadas con los mismos criterios. Por lo tanto la comparación entre las mismas sería correcta y la Universidad de León, en los últimos años, no sale bien parada, bajando hasta ocupar el último puesto de las universidades públicas españolas. La pregunta es ¿por qué la Universidad de León ha seguido este camino durante estos últimos años?

En este periodo hemos asistido a una dejadez y desidia en aspectos tan importantes como la docencia, la investigación o la proyección exterior de la Universidad de León. Aparentemente, no han sido grandes temas o decisiones las que la han perjudicado. Sin embargo, y por poner algunos ejemplos, no se ha facilitado la labor de los investigadores, sino que cada vez se han puesto más trabas administrativas a todo aquel que quería hacer algo y se ha dificultado la gestión de la investigación, a pesar del esfuerzo del personal administrativo encargado de ello, sumido en un mar de normativas internas. No existe una transferencia eficaz de la investigación hacia la sociedad, entre otras cosas porqué la oficina encargada de ello cuenta con una sola persona. Tampoco existe una unidad específica para la solicitud y la gestión de proyectos de investigación internacionales, dejando en manos del esfuerzo y predisposición personales del investigador tareas que no le corresponden y que le desaniman. Se podrían añadir otros ejemplos, como la falta de mantenimiento y de reposición de aparatos y equipamientos científicos y docentes, que contribuyen a un estado de dejadez que parece que hemos asumido como imposible de superar.

La calidad de docencia no se mide por el hecho de ofrecer numerosas titulaciones para tratar de incrementar el número de alumnos matriculados, la calidad la da una plantilla de profesores preparados e ilusionados, a los que se les reconozca su trabajo y que se sientan valorados, que cuenten con suficientes medios materiales y económicos para enseñar. Para poder hablar de calidad es necesario que los estudiantes sientan que su esfuerzo les conducirá a conseguir una capacidad profesional que ansiaban cuando comenzaron sus estudios. No obstante, el presupuesto académico (el destinado directamente a la docencia en general y a las prácticas en particular) apenas supera el 1% del presupuesto total de la Universidad de León. Y esto lo decide la propia ULE, no la Junta de Castilla y León.

Todas estas circunstancias, han sido superadas hace años por otras universidades, grandes o pequeñas, y lo que habría que preguntarse es por qué en la Universidad de León no solo no se han corregido sino que han empeorado.

A todo esto se suma el envejecimiento del profesorado. La edad media en algunas áreas (especialidades) supera los 60 años y no hay nadie detrás que continúe su labor. No ha existido una planificación para la dotación de becas de investigación y postgrado, que fueron suprimidas por los actuales responsables del gobierno de nuestra Universidad, ni para la contratación de profesores jóvenes que podrían seguir formándose y continuar los pasos de los veteranos, algo insólito en cualquier universidad. Incluso se ha llegado a contratar de forma habitual a profesores asociados por meses, es decir, lo excepcional se ha convertido en lo habitual.

Tampoco se ha apostado por una profesionalización de la Universidad promocionando y estabilizando al personal de administración y servicios. No existe una relación de puestos de trabajo (RPT), y se «ponen parches» reiteradamente. En cambio, se ha creado una red de clientelismos con más de un centenar de innecesarios cargos de libre designación, que entorpecen el buen funcionamiento de la Universidad y detraen una buena parte de su presupuesto. Además, fruto de este mal gobierno devolvemos dinero a la Junta de Castilla y León del capítulo de personal, ya que por dejadez e intereses particulares, no se ha sido capaz de ejecutarlo.

Otra muestra de desgobierno y de oportunismo, que no llegamos a comprender, es el comportamiento irresponsable y frívolo de proponer, en las últimas semanas del mandato de un rector y en plena campaña electoral, nuevas titulaciones sin haber consultado ni discutido sobre ello con la Comunidad Universitaria; sin haberse tratado seriamente en los órganos competentes como las Juntas de Facultad o Escuela y el Consejo de Gobierno. Como si la Universidad fuera un zoco en que el trapicheo y el regateo es moneda común. ¿Esta es la seriedad y la responsabilidad del equipo de gobierno de la Universidad? No nos sorprendamos entonces que, como consecuencia de estas y otras decisiones, en los rankings citados nuestra posición no sea satisfactoria. Ha sido, y pretenden que siga siendo, la forma de hacer de los últimos años.

Por ello, cuando decidimos presentarnos a las elecciones a rector, teníamos muy claros cuales eran los problemas de la Universidad de León y, la convicción de poder plantear soluciones a los mismos, y de que era necesario un cambio, otros aires, no solo corregir errores. Tal como señalaba Ortega y Gasset (Misión de la Universidad ): «La reforma de la universidad no puede reducirse a la corrección de abusos. Reforma es siempre creación de usos nuevos». Desde el principio, las propuestas de nuestro programa han estado orientadas a corregir esos errores, pero también a cambiar formas de hacer y de pensar. No podemos seguir confiando en el equipo de gobierno ni en sus continuadores, porque nos han llevado a un último puesto, que de ninguna manera merece ocupar la Universidad de León porque tiene la capacidad, medios y personas para llegar muy arriba.

En 1930, en este mismo escrito, Ortega y Gasset decía que uno de los problemas de la Universidad era «la chabacanería» que sería «el abandonarse, el de cualquier manera, el lo mismo da, el poco más o menos, el qué importa». Mientras lo contrario es el «estar en forma y no abandonarse nunca en nada». La Universidad de León debe comenzar a ponerse en forma a la mayor brevedad posible y debe abandonar viejos usos y maneras de hacer. Hay personas preparadas y con ganas para ello, que necesitan ilusión, objetivos claros y creíbles, y se implicarán en su consecución. Que sea reconocida la labor de ¡todos!, profesores, estudiantes y personal de administración y servicios. Solo así es posible progresar y llevar a la Universidad de León a una posición de que se sienta orgullosa, ella y la sociedad que la rodea.

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