Pepe Linares
El entramado de la memoria ha de apuntalarse con precisión y consistencia. A la larga, será lo único que quede de los eslabones de la cadena que testifica el fluir colectivo que define una forma de estar en el mundo, una forma de ser, con los nombres propios que fortalecen esa conciencia. No es esta ya actitud habitual, el olvido como norma se ha instalado en nuestros comportamientos. Mucho más, en los territorios que se desmoronan con la lentitud dolorosa de la agonía. Tal es el caso de las tierras gordonesas del carbón. La dignidad de la memoria, sin embargo, es la llamada de atención que predica la pervivencia y donde se puede instalar una pequeña llama de futuro. El desdén es síntoma de debilidad.
Esta es la razón por la que traigo hoy a estas hojas de gratitudes y recuerdos ejemplares la figura de José María Linares, Pepe Linares, Linares, apellido de tradición y de fortaleza humana en la comarca. El sábado se cumplen veinte años de su ausencia. «El accidente se produjo en el macizo 3-4 de la explotación, cuando se encontraba en el interior de una galería trabajando en una estalla, y tras el hundimiento del techo quedó atrapado». De Ciñera él, fue en el Grupo que lleva el nombre de Santa Lucía, donde residía, en el que la mina añadió otro nombre más a su crónica de dolor. Tenía 38 años.
Emerge hoy desde el recuerdo la figura de Pepe Linares como elemento ejemplarizante de una época y de un estilo de vida en su triple condición. Es difícil de entender fuera del contexto lo que algunos llaman pasión minera, que, en su caso, tenía hondas raíces. Y como tal, parece garantía de un veterano que trabaja con conocimiento y seguridad, virtudes que sus compañeros conocían y admiraban. La mina, como el mar, siempre tiene razones que nadie alcanza a comprender. No así el vivir diario de este hombre cuyas virtudes de cercanía, humildad rayana en la timidez y el saber estar «lo hicieron una persona muy querida en toda la comarca de Gordón». Los miles de personas que asistieron a su despedida, el mejor testimonio. Uno de los testimonios imborrables en la historia de la comarca. Como imborrable nos resulta aún su larga presencia futbolística en los equipos de aquel Hullera que tanto amamos. Siempre elegancia y deportividad, siempre espíritu de superación y compañerismo y la jugada imposible que nos deleitaba.
Hace veinte años. Una época. Sentía la necesidad de acercar su figura a estas hojas. Como ejemplo. Con gratitud.