Diario de León
Publicado por
RÍO ARRIBA MIGUEL PAZ CABANAS
León

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S iempre he detestado a los que te cuentan los finales de las películas, eso que ahora llaman practicar un spoiler, sobre todo desde que hace la friolera de treinta años un concejal de cultura del Ayuntamiento de Sestao nos desvelara a un amigo y a mí, en la presentación de un ciclo de cine, las secuencias esenciales de Johnny cogió su fusil. Pero ya ven, la vida da muchas vueltas, y ahora me veo cometiendo la misma infamia, no porque me hayan entrado ganas de ser concejal, sino porque me lo exige la estructura del propio artículo: una demostración de que en esta vida tan caprichosa nunca se puede decir «de este agua no beberé».

En el desenlace de la que para mí es una de las mejores películas de la última década, Mátalos suavemente , un eficaz Brad Pitt, en la piel de un asesino a sueldo, le reclama al tipo que le ha contratado (un soberbio Richard Jenkins) que salde su deuda con él y éste, que está oyendo a Obama en la tele, le reprocha que solo mire por sus intereses y que no piense en la comunidad (hay que añadir que Jenkins representa a una especie de testaferro que trabaja para un puñado de magnates y mafiosos), a lo cual Pitt, visiblemente cabreado, le responde algo así como: «¿Me estás hablando de América? América no es un país, es un negocio…Así que págame, hijo de puta».

El cine negro, como tantas veces, radiografía con una lucidez aterradora el mundo donde vivimos y si no hagan un repaso de las obras maestras que retrataron los violentos años veinte. Para el caso que nos ocupa, la película de Andrew Dominik explica con claridad que la vida se reduce a un orden de cosas donde una minoría de privilegiados toma las decisiones y el resto de los mortales se despellejan en el barro. O expresado de otra forma: esto es un negocio y si a ti te ha tocado, por falta de talento o suerte, ser un pringado, pues qué le vamos a hacer, aprieta las nalgas y aguanta.

No deja de ser monstruosamente irónico que el origen del bufete que gestiona los ya célebres papeles panameños, se remonte a un pasado nazi, en una demostración de que detrás de cada gran fortuna se esconde un crimen, como decía Honoré de Balzac.

En cuanto a todos esos españoles que han decidido que la vida es un negocio, incluyendo a borbones, premios nobel y nietos de Franco, solo decirles que tienen razón, que la vida es una mierda, que ser pobre es un asco y que el contrato social es un invento de ilustrados poco prácticos. Solo desearles que no les peguen un navajazo en una esquina, porque a ver cómo explican que en el fondo ellos no creen demasiado en la policía y la sanidad públicas. Donde estén el doctor Mengele haciendo autopsias y Charles Bronson pegando tiros, que se quite todo.

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