Culpa de los otros
H a dicho la concejala de urbanismo de Granada, Isabel Nieto, que los policías que le detuvieron a ella y al alcalde, José Torres Hurtado, durante unas horas «eran de Madrid», que ninguno era de Granada. Lo ha dicho esta concejala, imputada desde diciembre pasado por presunta corrupción, con cara de que el origen de los policías sería un dato suficiente para explicar por si solo su inocencia y el certificado de una venganza urdida, por no dice quién, contra ella y el alcalde. Atribuye la edil granadina una maldad que sería inherente a todo lo que venga de Madrid. Aclaro que tanto la concejala como el alcalde son del PP, no vayan a pensar que militan en el nacionalismo catalán, o vasco, que se han afanado durante años en fijar el concepto Madrid como símbolo y culpable de todos los males.
El alcalde dice que no sabe de que le acusan, pero según los guardias de civiles de Madrid y el juez de Madrid, habría incurrido en un amplio catálogo de delitos: cohecho, fraude, asociación ilícita, falsedad en documento mercantil. Mario Conde, recién entrado en la cárcel, atribuyó durante años, y lo sigue haciendo ahora, a una conspiración del sistema, monstruo polimorfo que al parecer no descansa ni de noche, lo que no es otra cosa que un robo continuo; robo cum laude, robo honoris causa si quieren, pero robo. Esta teoría, tan conspiranoica como exculpatoria, ha sido difundida por una seria de periodistas fascinados, y no se si algo más, por el notable embaucador. En vez de reconocer que es un ladrón, se queda mucho mejor echando la culpa de su cárcel reiterada a los otros, como ha hecho ayer su abogado.
José Manuel Soria, ministro de Industria, dimitió ayer tras salir a versión distinta por comparecencia sobre sus cuentas o empresas en Panamá, en Bahamas o donde sea, dice que no sabe cómo es posible que su firma aparezca al pié de documentos que acreditan que ha hecho negocios y/o tenido empresas en lugares más o menos paradisíacos desde el punto de vista fiscal. La anteúltima acusación contra Soria le sitúa como firmante de una sociedad opaca en el paraíso de Jersey, digamos que con un criterio tributario más laxo que el de España, en el que Soria recomienda invertir a los otros.
Todos los acusados de corrupción reaccionan como si el guión de disculpas se lo hubiera escrito una misma mano, como si todos fueran víctimas de algo o alguien y no presuntos culpables de lo que se les acusa.