Diario de León
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FUEGO AMIGO. ERNESTO ESCAPA
León

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E ste miércoles recayó el premio Castilla y León de las Letras en el poeta berciano Luis López Álvarez (1930) y en el vallisoletano Arcadio Pardo (1928), miembros de la generación del medio siglo. Dos poetas alejados de nuestro país: Arcadio Pardo participó en la aventura poética de la revista Halcón (1945-1949) y luego se radicó en Francia, dedicado a la enseñanza. Luis López Álvarez salió de España en 1950 y en la actualidad reside en Puerto Rico. En marzo de 1972, Luis López Álvarez puso en romance la aventura de los comuneros. La primera edición de aquel libro llevaba una octavilla de Vicente Aleixandre, que consideraba insólito su logro «moderno, colmado y pleno» en el manejo de la épica. Aquellos versos rotundos y pegadizos en su bordoneo cadencioso, traspasaron el cerco de papel de la poesía para convertirse en himno colectivo, capaz de agitar las banderas de abril, a través de las voces del grupo Nuevo Mester de Juglaría. Antes había estudiado Políticas en La Sorbona, trabajando en la radio francesa y en la Unesco.

En 1952, publica en Madrid su primer libro, Arribar sosegado, de resonancia juanramoniana. Un lustro después ve la luz en París Víspera en Europa, en edición bilingüe. Son los versos de un español errante que se arropa con quienes están a su lado. Entre 1957 y 1961 vive en el Congo francés, primero como locutor y luego como director del Instituto de Estudios Congoleños, además de colaborador de Patrice Lumumba. Su muerte violenta lo obliga al repliegue. Volverá más tarde, como asesor de Kabila, también asesinado. La edición de Las Querencias (1969) supone su rescate para la poesía española. Es un libro de sonetos que recupera el vínculo con la tierra berciana y castellana. Sonetos de impecable factura clásica, dinamizados por un manejo singular de los recursos expresivos. Ahí aparece el homenaje a Lumumba, los versos de amor, la evocación del Bierzo. Amancio Prada musicará varios de estos sonetos, que combinan la pasión telúrica y el hilo del recuerdo. Imposible olvidar la belleza estremecida de Compañera, Entrar en ti, Amar no quiero o Al quiebro. En 2001 duplica el libro en Querencias y quereres, que incorpora 75 sonetos más.

Entre 1985 y 1992, residió en Segovia, encargado de los Cursos Internacionales de la Complutense. Su obra última discurre en tres poemarios (Adarmes (1991), colección de aforismos; Amor en el tiempo de Acuario (2002), sobre las etapas de un amor; y Memorial de Trinidad (2012), donde ensarta las pulsiones de la historia bajo la bóveda cósmica del Caribe, y la novela Cóncavo Congo (2008), que regresa al país africano para mostrar la tensión de dos mundos que no sintonizan, sin que los colonizadores hagan nada por entender a los nativos.

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