EDITORIAL. Soria: dimisión y oportunidad para la minería
Es, probablemente, la decisión más cabal que ha tomado en cuatro años en el Gobierno. León —la sociedad en general, la clase política, los sindicatos y sobre todo la minería— celebró ayer de manera casi efusiva—celebró en la más genuina acepción del término— la dimisión de José Manuel Soria, implicado en el farragoso asunto de los papeles de Panamá. Nunca nadie desde un gobierno había hecho tanto daño a una provincia —y mira que lo intentaron sus predecesores de uno y otro color político— como el causado por el ya ex ministro de Industria, Energía y Turismo. Un daño que va más allá del estrangulamiento del sector del carbón, del cierre, ya difícilmente inevitable, de la minería y de la muerte de las cuencas. El desprecio, la insolencia y la arrogancia —esta palabra la mencionó ayer el propio Juan Vicente Herrera— con los que trató al sector ni siquiera pueden entenderse desde la mala fe, sino desde el más absoluto desconocimiento de una mina que nunca pisó —ni siquiera cuando se parapetó en la Subdelegación del Gobierno tras la muerte de seis mineros de la Vasco— y de todo lo que la rodea.
Pero, al margen de los reproches, su dimisión debe entenderse como una oportunidad. No una oportunidad para aprovecharla electoralmente, como ayer se hizo desde la sede del PP en León —esos valientes pronunciamientos había que haberlos oído antes—, sino ejerciendo desde la pluralidad de la representación parlamentaria leonesa la presión política necesaria sobre el ejecutivo de Mariano Rajoy para que, en el tiempo que le quede, que pueden ser meses, y desde la persona que asuma la responsabilidad, se produzca un giro radical en la gestión de la crisis minera y de verdad pueda abrirse una ventana de esperanza para el carbón.