cartas al director
Paralelismos
A lgunos episodios de la convulsa situación política que vive nuestro país me han hecho recordar una deliciosa novela que leí por primera vez hace mucho tiempo, y por segunda vez hace pocos años. Se trata de Rebelión en la granja, de George Orwell. Cuenta la historia de un grupo de animales domésticos entre los que se va extendiendo un descontento general, porque se sienten esclavizados por los granjeros. Poco a poco va germinando la semilla de la rebelión, lo cual propicia la aparición de líderes oportunistas que prometen a los oprimidos un futuro de libertad y felicidad. Dos cerdos jóvenes se ponen al frente del grupo, y planean meticulosamente la rebelión. Un buen día la llevan a cabo atacando ferozmente a los granjeros, que huyen despavoridos y maltrechos. Ahora empieza la delicada tarea de planificar el futuro de libertad e igualdad para todos.
Los cabecillas logran fácilmente enardecer y encandilar a la masa con soflamas como ‘hacer causa común’, ‘trabajar todos para todos’, ‘construir su propio futuro’, etc. Son los estereotipos habitualmente manejados con habilidad por dictadores con piel de demócratas, para conseguir esclavos felices de serlo. Pero pronto cambia drásticamente la situación. Los dirigentes van asumiendo su papel de clase superior, otorgándose de forma arbitraria privilegios especiales. Y el reparto de poder provoca enfrentamientos, cada vez más frecuentes, entre los dos líderes.
Orwell pretendía hacer una dura crítica a la dictadura soviética impuesta por Stalin en Rusia. Curiosamente, y sin pretenderlo, hizo un avance premonitorio de lo que ocurriría unas décadas más tarde en nuestro país: Muchos ciudadanos, agobiados por la severa crisis económico-laboral que sufre el país, se encuentran enfadados, decepcionados y encabronados por la mala gestión de los últimos gobiernos, a los que consideran culpables de la grave situación.
Están literalmente «indignados» (Sic), y un buen día (15-M) deciden manifestarlo. Es el caldo de cultivo para que surja de forma oportuna y oportunista un salvapatrias. Busca el apoyo de dos colegas, viejos amigos a pesar de su juventud, y los tres se ponen manos a la obra. Pero uno se ve obligado a abandonar la primera línea, porque al parecer habría ingresado en su «monedero» una importante cantidad de dinero de origen dudoso.
Los dos supervivientes del triunvirato toman las riendas en aparente amor y compañía, pero pronto surgen las diferencias, ideológicas al parecer, y el enfrentamiento entre los seguidores y adeptos de cada uno de los dos. ¿Recuerdan el episodio de los cerdos de la granja...? Que nadie me acuse de hacer comparaciones odiosas. Fué Orwell el que, habiendo en la granja animales más simpáticos, atractivos e inteligentes, eligió precisamente a los cerdos para liderar la revuelta. Sus razones tendría. Digo yo. Sólo nos queda esperar que no se cumpla el último episodio del relato orweliano. De lo contrario, que Dios nos coja ‘confesaos’.
Constantino
Morán García. león
Quien resiste gana
C orrían los años 80 y tras varias veces de haber quedado finalista en los premios Príncipe de Asturias por fin se vio ganador Camilo José Cela. Se acercó al atril y dirigiéndose al príncipe Felipe, le espetó: «En España, yo os lo digo, alteza; el que resiste, gana». Un sabio consejo que muchos llevan a la práctica, como es el caso de su paisano gallego Mariano Rajoy. Con su perseverante idea de formar un gobierno de gran coalición (PP-PSOE-C’S) demuestra que la cita de Cela no solo le engancha, sino forma parte de su idiosincrasia; y es su leitmotiv a la hora de sentarse a negociar. Hay quien ve en su forma de hacer política cierto autoritarismo o, dicho de otra forma, creen que carece de la necesaria ductilidad que todo líder debe tener para dar un espacio a las ideas que provienen de los demás. Volviendo a lo de la perseverancia, no hace mucho leí un libro oracular titulado Iching , en el que de manera recurrente aparece el siguiente consejo: «La perseverancia trae ventura, la perseverancia trae desventura». Lo que significa que la obcecación puede llevar tanto a lo bueno como a lo malo. En estos tiempos tan revueltos que vivimos, a los políticos como Rajoy que se enrocan siguiendo el consejo de Cela, habría que decirles que su cita no es del todo exacta. Lo correcto sería que hubiera dicho: «Quien resiste, gana»… O estrepitosamente fracasa.
jon garcía. bilbao