Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Administración decrépita

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Q ue la administración necesita un cambio y modernización es algo que todo el mundo sabe. Lo sabemos los funcionarios y lo saben los ciudadanos que la sufren y nos sufren. No pretendo realizar una crítica ni siquiera una autocrítica, simplemente intento reflexionar de la forma más constructiva posible sobre un asunto al que llevamos dándole vueltas decenas de años. Me atrevo a decir que la mejora de la administración es un tema que está ligado a la decadencia de España y por esta razón está permanentemente presente en las tareas de «pendiente» de todos los gobiernos y fundamentalmente, en el subconsciente de los administrados que de vez en cuando se acuerdan de los familiares de los funcionarios especialmente de la madres (dicho con todo respeto)

La administración no funciona bien. Se podría matizar esta afirmación, pero sucede como en la novela Don Quijote que siempre es lo mismo, no importan el cambio de episodios, la España que describe Cervantes es la que es, y por lo tanto en la administración siempre es lo mismo también. Pasan los años, las décadas y seguimos debatiendo sobre lo mismo. Que si no es ágil, que si no es útil para las empresas, que los horarios no están adaptados a las necesidades de los ciudadanos y es necesario «abrir» por las tardes… en fin, que cualquier funcionario ya jubilado e incluso fallecido, cuando ingresó en la función pública ya trataba estos temas.

¿Culpables? Hay que buscar culpables de esta situación, al menos en España. Si no hay culpables no hay asunto que debatir. Nuestro espíritu cainita nos vence y sobrepasa por mucho que intentemos resistirnos. Esto se materializa en algo típico y exclusivo nuestro de «culpar al otro». Mi opinión es que culpables somos todos, funcionarios y administrados.

Explico lo anterior. Veamos algunos tópicos asentados en la «culturilla popular». La administración es lenta se dice, estoy de acuerdo. La administración no es eficaz, no es cierto del todo, en mi opinión no es eficiente. Los funcionarios no trabajan, yo matizaría que hay de todo como en todas las profesiones, con una especialidad en la administración y es que hay funcionarios que no hacen nada y otros que hacen el trabajo de tres como los de «Borrés» (Borrenes en castellano, porque es sabido que uno de Borrenes vale por tres) o más. Vamos, otro desequilibrio en la administración que no contribuye a su eficiencia.

Digo que todos somos culpables porque si bien es cierto que los funcionarios debemos en justicia asumir que podemos y debemos mejorar nuestro rendimiento, esto sólo es una parte de la ecuación que debiera resolver el problema. Los administrados tampoco contribuyen en gran medida a acelerar a la máquina administrativa. Muchas de las cuestiones que se plantean a la administración son innecesarias, ejemplo de ello son los «querulantes» que no salen de los juzgados planteando denuncias estériles y sin fundamento.

Me preocupa especialmente que la administración no vaya de la mano de la empresa privada. Los ritmos son distintos. La empresa requiere rapidez, agilidad y flexibilidad, porque alguien que «monta» una empresa en la mayoría de los casos necesita pedir un crédito y los acreedores no esperan. Necesitamos agilizar los procedimientos. Una salvaguarda, agilizar los procedimientos no significa eliminar los elementos de control por parte de la administración que garantizan que queda a salvo el interés público. Se debe poner especial vigilancia y en su caso sanción, en aquellas actividades empresariales que atenten contra el Estado de Derecho y bienestar.

Se puede mejorar la administración, claro que sí, y no es sólo una cuestión de dinero y recursos humanos y materiales, que también, pero esto no es definitivo salvo que se llegue a una situación de quiebra estructural que haga imposible acometer las funciones propias. Se requiere voluntad e imaginación por parte de funcionarios y administrados. También una dosis de buena fe, acompañada de ganas de trabajar y reconocimiento al trabajo realizado. Todos tenemos nuestro corazoncito y tanto funcionarios como administrados lo que necesitamos en muchas ocasiones es que alguien nos escuche.

Experiencia tengo de personas que simplemente con escucharles se alivian sus problemas. Una explicación dada a tiempo y con buenas maneras resuelve muchos malentendidos. Muchas personas anónimas necesitan ser escuchadas y atendidas y lo que para ellas es un grave problema, con buena fe la administración lo resuelve fácilmente. Los funcionarios estamos perdiendo la sensibilidad ante los problemas ajenos. No culpo a nadie, es fruto de un mundo que nos deshumaniza a todos. No lo debemos permitir, podemos hacer mucho desde nuestros trabajos para hacer un mundo más cálido y más eficiente.

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