Diario de León
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España: un problema demográfico

C onstata Manuel Rivas, que demográficamente España es ya una pirámide invertida; y añade que lo que no es una opción libre es el ‘suicidio demográfico’, ese récord europeo de envejecimiento, donde el ritual social más repetido y concurrido es el entierro, pues aunque aumenta la esperanza de vida no aumenta la esperanza; para concluir que habrá que declarar a los niños bien de interés cultural. Pues en eso estamos, o mejor dicho quisiéramos estar, y no podría llamarse eso promover una verdadera cultura de la vida?

 Si además quieren ustedes datos objetivos, actuales, y del mayor rigor científico, les invitamos a leer el informe World Population Prospects , revisión del año 2015, de las Naciones Unidas: En 2015 la población mundial era de 7.349 millones de habitantes, a finales de siglo, en 2100, será de 11.213 millones. Es particularmente interesante ver que la población europea en 2015 es de 738 millones, pero a finales del siglo XXI, será de 646 millones, o sea, 90 millones menos de personas.

 España es uno de los países europeos que va a contribuir notablemente a ese descenso poblacional, pues de 46 millones de personas en 2015 pasará a tener poco más de 38 millones en 2100, o sea, una población similar a la de los años 60 del siglo XX, con un descenso total de 8 millones de personas, equivalente a algo más de un 17% poblacional, lo que casi equivale a una disminución por una epidemia de peste de la Edad Media, donde la población se diezmó hasta un 25%.

 ¿Qué factores condicionan este hecho en España?; a nuestro juicio dos: Uno, tener muy baja tasa de natalidad, es decir número de nacimientos por mil habitantes y año, que es del 9,14%, y un índice de fecundidad, o sea número medio de hijos por mujer de 1,32, muy alejado del recambio generacional que es de 2,1. Dos, el número de abortos que, aunque con descensos en los últimos tres años, ronda las cifras de 98.000-100.000/año, habiéndose estimado en dos millones el número de abortos totales, desde 1985, en que entró en vigor la ley del aborto. Objetivamente visto, estos datos son una catástrofe humanitaria. Esta disminución poblacional condiciona a cualquier país a militar en la segunda división socio-económica, la población de un país es su mayor bien y premisa base de su ulterior desarrollo y prosperidad.

 La siguiente pregunta y el desafío que se plantea es cómo desplegar una cultura favorecedora de la vida y que no se perciba como una injerencia negativa en el ámbito de la libre decisión de cada familia. Ciertamente no es fácil y pensamos que el primer paso ha de ser una propuesta ilusionante y positiva que pueda ser acogida y reflexionada por nuestra sociedad, y para ello un buen punto de arranque puede ser promover la exposición argumentada y detallada de esta propuesta a favor de la vida, la sociedad y el verdadero progreso.

Medidas como las que en Francia existen puede ser una salida, es decir: Subvencionar a cada madre por cada hijo que concibe, que se le quita si al cabo de tres años, no vuelve a tener un nuevo hijo. Otras medidas asociadas, consistirían en proteger el trabajo de la mujer gestante, siendo imposible su cese laboral por ese motivo, plantear una jornada laboral reducida, después del parto, mayor tiempo de baja por maternidad subvencionado, así como mantenimiento de su trabajo, cuando la baja es por maternidad.

Se pueden estudiar otras medidas. Todo consiste en qué interesa más, si valorar la necesidad de aumentar la población que desde luego, es una gran apuesta de futuro, o la ruina demográfica y por tanto socio-económica.

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