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EL CORRO PEDRO VICENTE
León

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A l igual que ocurriera en diciembre, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez afrontan la repetición de las nuevas elecciones compartiendo un mismo sino: O consiguen su investidura al frente de un nuevo Gobierno o inmediatamente tendrán que ceder el liderazgo de sus respectivos partidos.

Tanto PP como PSOE tienen aplazados sus congresos a la espera de que se resuelva el inquilinato de La Moncloa.

Es obvio que si Rajoy es desalojado del poder, su etapa al frente del partido habrá finalizado y la renovación se abrirá paso en la calle Génova. Del mismo modo que si a Sánchez no le sale la carambola y el PSOE sigue en la oposición, nada tendrá que hacer frente a una Susana Díaz, que dejaría de amagar y daría el paso que muchos esperan para hacerse cargo del partido.

Y dado que ambos partidos celebran sus congresos en cascada y de arriba y abajo, primero el nacional o federal, luego los autonómicos y finalmente los provinciales, la renovación en los ámbitos territoriales tardará todavía bastantes meses en producirse. Hasta entonces no se dirimirán los liderazgos autonómicos y provinciales de ambos partidos.

El asunto no es baladí y menos en Castilla y León, donde se supone que en el próximo congreso autonómico del PP Juan Vicente Herrera cederá el testigo como máximo responsable del partido en la comunidad. Un relevo orgánico que desvelará la incógnita sobre su sucesión en la presidencia de la Junta, ya que está claro que el nuevo presidente o presidenta del partido quedará ungido para tomar el relevo en el Colegio de la Asunción o, en su defecto, encabezar el cartel en las siguientes elecciones autonómicas. Un congreso autonómico trascendental que, visto el calendario, no se producirá hasta finales de este año o comienzos de 2017. Especular hasta entonces sobre la sucesión de Herrera seguirá conduciéndonos a la melancolía.

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El calendario socialista puede ir más rápido, ya que el congreso federal sería inmediato si Sánchez sale del 26-J sin ninguna opción de presidir el Gobierno. Se da por descontado que la llegada de Susana Díaz a Ferraz daría paso a una renovación territorial selectiva que movería la silla a aquellos barones que se han distinguido por su fidelidad al actual secretario general. Y Luis Tudanca, es uno de los que está en el punto de mira. Puede parecer asombroso, pero podría ocurrir que el PSOE cambie otra vez de líder en Castilla y León antes de que el PP resuelva la sucesión de Herrera…