EDITORIAL: Grito de auxilio del campo leonés que deberá escucharse
La preocupación en el campo leonés se generaliza en la misma medida que se extiende la gravedad de los daños causados por las inundaciones tras un final de invierno y un inicio de primavera inusualmente lluviosos que mantienen la mitad sur de la provincia anegado como si fuera una gran plantación de arroz. Es una situación nueva y extraordinariamente dañina para los intereses de los agricultores, que empiezan a elevar el nivel de exigencia ante las administraciones una vez que esas circunstancias adversas impedirán un desarrollo normal del ciclo vegetativo —no pueden afrontar la siembra porque las parcelas se mantienen inaccesibles— y ya prevén mermas en el cultivo de hasta el 20% en el caso del maíz —buena parte continúa sin ser cosechado— e incluso del 40% en la remolacha. Y esa situación sólo puede empeorar en cuanto afecte a la alubia.
Las exigencias en el cumplimiento de la PAC para asegurarse el cobro de las ayudas —tienen que sembrar y respetar la rotación de cultivos— es su primera preocupación, pero no la única reclamación que se plantea desde el colectivo profesional: reducción de los módulos del IRPF, moratoria en sus obligaciones con la Seguridad Social, condonación de los pagos de las tarifas de CHD, moratoria también en la devolución de los créditos a los bancos y, en fin, un gesto por parte de las administraciones: que la ministra y la consejera conozcan la situación real sobre el terreno. Porque sólo de esa manera se entenderá desde Madrid y Valladolid la gravedad de la situación y las razones por las que los regantes de León, y el lunes ya desde una mayor amplitud geográfica, exigen la declaración de zona catastrófica.