Diario de León
Publicado por
LA GAVETA CÉSAR GAVELA
León

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H ay un futuro para el Bierzo; un futuro modesto y menor. Pongamos para un Bierzo de noventa mil habitantes, más o menos los que tenía hace un siglo, en los albores de la revolución minera, luego eléctrica e industrial. Hay un porvenir pulcro y secundario, resignado y educado, dulce y lírico, pero lleno de derrota y de resignación. Un futuro que no podemos aceptar. Pero mientras no lo aceptamos, mientras protestamos, mientras los políticos hacen casi nada por evitarlo (aunque tampoco puedan hacer mucho) y mientras la sociedad civil observa y calla, el Bierzo nuevo avanza. Va a la suya y de momento no tiene rivales. El Bierzo nuevo es el del paro, el de la emigración de casi todos sus jóvenes, preparados o no, el de la marcha de los extranjeros que vinieron a trabajar a la comarca en décadas anteriores.

El porvenir que se perfila, el que ya va triunfando en el presente, es el de convertir al Bierzo en una región más humilde, rural e irrelevante. Aunque ahora tenga infraestructuras de mérito y las mejoras habituales de cualquier comarca española. Aunque los pueblos estén arreglados, las casas retejadas y las gentes tengan estudios, viajes y tecnología.

¿Tenemos que prepararnos para ese nuevo horizonte —modernizado— de hace cien años? Ojalá que no, pero por ahí van las melancolías y las evidencias de estos últimos años. El Bierzo no despega, ni en crisis ni en hipotética salida de la misma. Continúa varado y su capital, Ponferrada, anda envuelta en desconfianzas e intrigas políticas, con el consistorio convertido, una vez más, en batiburrillo de odios y parcelas. Quien sabe si como primera fase para otra moción de censura. Que, por otra parte, ya planea sobre el palacio municipal desde el minuto cero de esta legislatura, y que tal vez ya empieza a calentar motores. Para ser planteada algo antes de la mitad del cuatrienio. Igualito que en el anterior. Así es la actual clase dirigente ponferradina.

Pero eso a la gente le importa poco. Lo que le importa es la esperanza. La convicción de que puede haber un futuro mejor que el que gana fuerza cada día: ese futuro del Bierzo de 1916 tuneado , el anterior a la revolución extractiva que supuso la Minero Siderúrgica de Ponferrada. Ese Bierzo nuevo dedicado mayormente a la geriatría, a cobrar las pensiones y a los asuntos hosteleros y jacobeos. Un Bierzo lleno de flores, encantos y leyendas, pero sin futuro para jóvenes y no tan jóvenes. Un Bierzo de vinos y licores, pero sin industrias ni peso específico. Un Bierzo de negocios quebrados, de comercios que se traspasan, de villas que languidecen, de pueblos bellísimos que se vacían. Un Bierzo cubierto de arboledas, y las aldeas debajo, abandonadas. Con mucho encanto para el turista, el viajero y el caminante. Un Bierzo sin industria y con muchos mesoneros sonrientes. Y con lágrimas al fondo.

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