Diario de León
Publicado por
LA LIEBRE ÁLVARO CABALLERO
León

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S e nota que estamos en precampaña porque la gente se encuentra muy preocupada por el tiempo que hace. Porque se nos había despintado el invierno con las nieves que nos cayeron pero no cuajaron justo después de votar, en diciembre, y ahora, que no teníamos con que entretenernos, nos ha parido la primavera un monzón cuando se anuncian de nuevo las urnas. No hay otra conversación en el ascensor, ni en la peluquería, ni en los parques de juegos infantiles, ni en las barras de los bares, que son los cuatro puntos en los que se toma la temperatura a la opinión pública, por lo general siempre en estado febril. El dictamen es unánime: este año no para de llover, los ríos ya se han llevado los puentes, no tiene pinta de escampar y el agua cualquier día nos va a llegar al cuello. No se me ocurre mejor resumen. Luego dicen que a los ciudadanos les da igual la política.

Los primeros en adelantarse con la que está cayendo han sido los agricultores, que reclaman que se declare al campo leonés zona catastrófica, cuando en justicia la declaración debería extenderse para toda la provincia. Tiene visos de prosperar, ahora que hasta han empezado a notar los efectos los políticos, después de que la bajada de población haya hecho que en las elecciones generales de mayo se elijan cuatro diputados por León, en lugar de cinco. Uno menos en la Carrera de San Jerónimo y uno más a contabilizar en la lista del paro, aunque tras recibir como el resto de compañeros y senadores la indemnización de 5.000 euros por cierre de legislatura en apenas cuatro meses de trabajo. Han terminado por reinterpretar el poema de Niemöler que se atribuye a Bertold Brecht o al revés: cuando vinieron a buscar a los mineros guardé silencio porque yo no era minero. Cuando se llevaron a los jóvenes guardé silencio porque yo no era joven. Luego cerraron las fábricas, pero como no era obrero tampoco me preocupó. Ahora vienen a por mí, pero ya es tarde.

Me ha recordado una noticia que me contó Chema Ordóñez, colega de La Nueva España . Un paisano de las cuencas apareció una tarde en el bar del pueblo con la cara ensangrentada y una herida en la cabeza por un tiro que se había pegado sin acertar. «Ponme un cacharru pa’ acabar esto», pidió al camarero, antes de que llegara la Guardia Civil a detenerlo para que no se hiciera daño.

El 26 de junio hay elecciones de nuevo. El cacharru para nosotros. A ver si son capaces de acabar ellos esta vez.

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