TRIBUNA

Un año del consejero-procurador Silván como alcalde

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josé antonio diez portavoz del grupo socialista en el Ayuntamiento de León
León

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H arry Wilbourne, protagonista de Las palmeras salvajes, la célebre novela de William Faulkner, tuvo que optar: «Entre la pena y la nada, elijo la pena», dijo. Hace poco más de un año, el consejero Silván recibió la llamada que nunca quiso recibir. Aquella en la que le comunicaban que había sido elegido para sustituir a Emilio Gutiérrez como candidato a la Alcaldía de León. Una sorpresa para todos, y especialmente para él, que se veía, se creía y se quería sucesor de Juan Vicente Herrera al frente de la Junta de Castilla y León y que tendría que venir a León a reparar todos los platos rotos que, durante cuatro años, destrozó el ex director de Educación cuya gestión nadie avaló. Ni su partido. Ni los leoneses que demostraron su rechazo con una caída espectacular de votos concedidos al PP.

Esto que podría parecer un prolegómeno ya viejo no lo es. Es la explicación del balance del año de Antonio Silván al frente del Ayuntamiento de León. El consejero-procurador no quería venir a León como alcalde. No tenía proyecto y no tenía compromiso con esta ciudad. Y así ha quedado patente en estos meses transcurridos desde su elección.

En el debe del alcalde Silván hay que tener siempre en cuenta que sigue siendo procurador. Que sigue amarrado a esa Junta de Castilla a la que tanto debe y para la que tanto trabajó. Y para la que tanto trabaja. Esto explica sus largas ausencias de León, su disposición hacia un partido que le sigue teniendo como referente en las Cortes y su anhelo de futuro personal: quiere suceder a Herrera y para ello trabaja.

Silván nunca admitirá que sigue con un pie en Valladolid y nadando Pisuerga arriba, pero es evidente que cojea en León. Doce meses de gestión y ni una buena noticia para la ciudad porque ni tenía proyecto y, lo que es peor, ni lo tiene.

El alcalde-procurador ha aumentado la deuda de la ciudad en 8 millones de euros, según los datos oficiales que facilita el Ministerio de Hacienda, y aunque presume de dialogante y conciliador lo cierto es que no ha logrado el respaldo del resto de las formaciones políticas a su gestión. Sus guiños a la cooperación nacen de una debilidad que provoca que, con sus diez concejales, necesite algún grupo más para lograr las mayorías. Esa debilidad del alcalde-procurador (una buena noticia para los leoneses) ha permitido que, desde la oposición, acabáramos con su propósito de aprobar un tarifazo en el Hospital, instalar una central de biomasa en Eras de Renueva, trasladar el Conservatorio al campo de fútbol, mantener el boicot de la Junta a Torneros. A él le impidió evitar la reprobación al concejal del Partido Popular que inició una obra sin licencia o la creación de una comisión de investigación que demuestra la actuación irregular de este edil.

Tuvo la suerte Silván de poder capitalizar como alcalde la llegada del tren de Velocidad Alta (no olvidemos que no ha llegado aún a sus máximas capacidades y siguen sin llegar el AVE a León), una llegada que, no olvidemos, se debe agradecer a que el 97% de la obra civil y la retirada del Paso a Nivel del Crucero la realizó el PSOE. Pero aunque ha recibido y agradecido la presencia de la ministra Pastor varias veces en este año a la ciudad, no ha podido lograr que esta ministra, que el PP considera la mejor de la historia y nosotros una losa para León, solucionara la integración de Feve, reanudara la obra de la León-Valladolid que él tanto contribuyó a paralizar como consejero. Y antes de que las urnas nos llamen de nuevo, veremos cómo capitaliza la adjudicación de la integración que su partido ha parado durante cuatro años, ha reducido a niveles injustificables, y adjudicado con un presupuesto que por su reducción, como pasará con la sede del INSS, generará graves problemas y sobrecostes. Al tiempo.

No ha conseguido como alcalde que su partido pusiera en marcha la Ciudad del Mayor, ni el Centro de Regulación y Control del AVE, ni la restauración de la muralla, ni el Emperador, ni la reforma de San Marcos… Vamos, seguimos igual que con Emilio Gutiérrez, igual que cada vez que el PP gobierna en León: paralizados.

El alcalde sí ha ejecutado alguna medida positiva: Ayudas para libros y para las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos, incremento de las ayudas de emergencia, partidas específicas para el arreglo de colegios o parques, inicio de los trámites para la gratuidad del transporte para menores de 14 años, reivindicación de la financiación de la plataforma logística de Torneros, respaldo a los trabajadores de León implicados en ERE. Pero hay que señalar algo esencial: Todas las medidas han partido del PSOE y el alcalde se ha visto obligado a admitirlas ante la minoría de votos en el pleno.

Doce meses dan para mucho. Y han servido para descubrir que León sigue sin contar para el PP sea quien sea el regidor. Y que si León está de moda es por razones tales como el crecimiento del turismo internacional en España, porque en León crecen los visitantes pero menos (en porcentaje) que en el resto del país. Ni siquiera ésta, que es la gran bandera, por no decir la única, del alcalde podrá ondear con orgullo. Al alcalde debería preocuparle y ocuparle el dato que demuestra que, desgraciadamente, más que de moda León está en graves apuros: León tiene dos mil residentes menos que hace un año y mantiene la segunda peor tasa de actividad del país. Esa es la bandera real que tienen que airear el alcalde-procurador.

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Y como Harry Wilbourne, Silván optó por la pena. A León y a los leoneses nos tocó la nada.