Diario de León

Publicado por
Juan Carlos Ponga Mayo INVESTIGADOR
León

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E n 2015 el Foro por la Memoria me pidió que dijera unas palabras sobre Félix Gordón Ordás como conmemoración de la II República Española. Para mí no solo es un personaje histórico importante, es un ejemplo de coherencia y una persona en el amplio sentido de la palabra. Pero ahora veo cómo el Ayuntamiento consiente que la casa que su padre levantó con sus manos en 1873 sea derribada. Durante años ha estado abandonada sin que nadie desde los organismos oficiales se haya interesado por la misma. Solo algunas voces que han clamado en el desierto han pedido su recuperación. Ahora, derribada, se ha eliminado el problema, muerto el perro se acabó la rabia, dirán algunos. La humilde casa de una calle configurada antaño por construcciones, estrechas y profundas, asiento de pequeños artesanos, obreros y comerciantes, ha sido pasto de la incuria y se convertirá en un edificio anodino y absurdo que nada tendrá que ver ni con la calle, ni con el barrio, ni con el casco histórico, ni con la casa en la que nació Félix Gordón Ordás. Así, a pesar de su rehabilitación como Hijo Predilecto de la Ciudad, se elimina su rastro de la calle en que nació y se le vuelve a despreciar, a condenar al olvido y de paso acabar con la memoria de una de las personas más importantes de la historia de León en el siglo XX.

Discurso del 12 de abril de 2015: «Se me ha encomendado hablar de don Félix Gordón Ordás, lo que considero un gran honor y una responsabilidad, por ser uno de los leoneses que más admiro y respeto. Es el único Leonés Ilustre, dado que en el Pabellón de Leoneses Ilustres de este cementerio no hay más restos que los de él. Que cada uno saque sus conclusiones.

Nace en León el 11 de junio de 1885 en la calle de Puerta Moneda, Era el menor de los hermanos, hijo de un albañil, Rosendo, y de una trabajadora del servicio doméstico, Bárbara, que unos años antes se han desplazado hasta la capital, procedentes del norte de la provincia.

El mismo diría un día: ‘Dicha casa fue construida por mis padres, él oficial de albañilería y carpintería’. ‘Eran una pareja maravillosa, por su energía y bondad’. Más tarde, ‘mi padre y mi madre eran arrancados de la cantera del pueblo. Ella había trabajado de sirvienta desde los 13 años, desoladoramente sola. Él en el campo y de albañil’.

Miguel Cordero del Campillo en su trabajo sobre Gordón Ordás nos añade además que en la Guerra Civil o Incivil se les confiscó la casa, ‘se puso en venta y fue adquirida por el Sr. Beltrán. el propietario de la antigua línea de autobuses a Villablino, quien se portó dignísimamente con la familia. Por lo pronto, permitió que Consuelo, su hermana, siguiera ocupando su piso, sin abonar ningún tipo de renta y, cuando estaba próximo al fallecimiento, recomendó a sus hijos que facilitaran la readquisición de la casa por sus antiguos propietarios, si mostraban deseo de poseerla, en el mismo precio que él la había comprado. Es un rasgo tan digno de encomio, que nos alegra poder difundirlo’.

Volvamos a la persona: De joven es un lector infatigable y sus lecturas van desde Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, hasta Nietzsche, Bakunin. Proudhon, George Sorel… En 1900, con 15 años, supera con sobresaliente las pruebas de bachillerato en el Instituto General y Técnico de León y decide hacer derecho, pero la familia no puede costearle la estancia en Oviedo y en León solo puede estudiar en la Escuela Normal de Maestros o en la Escuela Superior de Veterinaria y, para beneficio de los españoles se inclinó por esta última. Fue profesor auxiliar en la misma escuela y 1908 se presenta a las pruebas para ingresar en el Cuerpo de Inspectores de Higiene y Sanidad Pecuarias, sacando el número uno. Decide quedarse en Madrid.

Un año después, el 23 de diciembre de 1909, se casa por lo civil con su novia de toda la vida Consuelo Carmona Naranjo, hija de unos ferroviarios andaluces desplazados a León. Una mujer de la que se diría: «corazón sin mácula, mujer admirable, que sufrió con verdadero estoicismo todas las amarguras del camino de abrojos que tuvo él que recorrer y en el que ella fue heroico sostén y alentadora de pródigas energías”

Su espíritu político, antibelicista y republicano nace, según sus propias palabras al ver el terrible espectáculo de la repatriación de los soldados derrotados que venían de Cuba y pasaban por la estación de León camino de Madrid, en vagones apiñados, enfermos de fiebre amarilla y heridos.

Su vida política pasará por la amistad con Lerroux y por el partido Radical, por su distanciamiento de los radicales, por su fracaso en las elecciones generales de 1923 en las que no consigue escaño… hasta que en 1929 funda con Álvaro de Albornoz y otros amigos el Partido Radical Socialista en cuyo ideario estaba escrita la doctrina más avanzada de España en materia social.

El 14 de abril de 1931 llega la república y el ministro de Fomento, Álvaro de Albornoz y Liminiana, le nombra subsecretario de Industria y Fomento y Director General de Minas y Combustibles.

En octubre de 1933 es nombrado ministro de Industria y Comercio, puesto en el que solo permanecerá dos meses y ocho días. En mayo de 1936 es nombrado por Azaña embajador en México lo que resultó básico para el exilio. En 1947 es nombrado vicepresidente sin cartera del Gobierno republicano en el exilio y en agosto de 1951 pasa a ser el presidente de dicho Gobierno. Dimitirá en 1960 tras discrepar con el presidente de la República sobre el uso de la violencia.

Gordón Ordás murió el 23 de enero de 1973 sin poder volver a pisar su ciudad y su país. Mario Amilivia, a instancias del Cronista de la Ciudad, Luis Patrana, y con la colaboración de algunas asociaciones de veterinarios, consiguieron que una parte de sus cenizas reposen en el Pabellón de Leoneses Ilustres, después de haber anulado una declaración municipal indecente que otorgó el tituló de ‘Leonés indigno’, sustituyéndolo por el de ‘Hijo Predilecto de la Ciudad’».

A estas palabras pronunciadas junto a la Capilla Cívica solo me queda añadir que lamentamos profundamente lo ocurrido con la casa en la que nació tan ilustre leonés.

Pobre pueblo es aquel que no recuerda a sus hijos ilustres. Un pueblo que olvida su historia es un pueblo sin futuro, ya que está condenado sin remisión a repetirla. 

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