Aprovechar el CRC parece obligado tras el elevado coste que tuvo
La reciente visita del presidente de Adif puso en evidencia que el edificio construido en los últimos años junto a la estación de trenes ha perdido su razón de ser. En estos momentos tiene una utilización parcial porque se derivaron a dos de sus plantas algunas dependencias de la compañía ferroviaria pero aún existen otras dos que permanecen vacías. La importante inversión económica realizada ya en plena crisis —las obras arrancaron en 2011— parece que genera una obligación moral de que se busque un uso. Es verdad que en demasiadas ocasiones las decisiones que se tomaron en los tiempos de bonanza tenían como prioridad los objetivos políticos. Pero para superar esos errores el mejor camino no pasa precisamente por condenar al abandono esas infraestructuras que tuvieron un elevado coste. Las instituciones y las empresas públicas como en el caso de Adif tienen el deber de aprovechar de la mejor manera posible unos recursos que surgen precisamente de la inversión de un dinero que es de toda la ciudadanía.
Ahora se plantea la posibilidad de que ese edificio albergue los controles ferroviarios de las líneas convencionales de la zona. La idea es positiva porque incluso permitiría abrir la puerta a un mayor aprovechamiento de esa red como operador de mercancías. León debe colaborar e impulsar esta nueva apuesta que daría un uso al CRC y podría impulsar nuevas oportunidades para que la ciudad renazca como un núcleo ferroviario relevante.