SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ??ARTURO PEREIRA??
Muerte de un ruiseñor
H ablo de muerte y no de matar a un ruiseñor como es el título de la novela de Harper Lee porque aquí no se ha cometido ningún crimen, sino que se ha herido en lo más profundo del alma a todos aquellos que sentimos la Ponferradina como algo más que un equipo de fútbol.
Soy consciente de que a estas alturas se ha dicho todo lo que se tenía que decir al respecto, pero, no puedo resistirme, quizás por esa melancolía innata que tenemos los bercianos y que nos lleva a exteriorizar de manera sincera y solidaria nuestras desgracias.
Digo desgracias porque no cabe duda de que el descenso de nuestro equipo es una verdadera desgracia. No hablaré de la dimensión deportiva del suceso porque para ello están los especialistas deportivos, tanto del club como todos aquellos que saben de fútbol y tienen algo que decir. Con el término desgracia me refiero a que hemos perdido un valor añadido en nuestra comarca. El descenso supone que no estaremos todos los fines de semana en los noticieros deportivos a nivel nacional. Es algo que nos daba presencia y prestigio como ciudad y comarca.
Es algo difícil de acotar conceptualmente, pero que los colores de la Ponferradina estuvieran impresos en los diarios deportivos nacionales, o que se hablara de ella todos los fines de semana aunque sólo fuera para hacer mención a su resultado, hacían mucho por una comarca en profunda crisis. Esta crisis no es sólo económica, es en cierta medida de ánimo. Como me decía un paisano: «No nos queda nada».
Es indiscutible que el descenso ha perforado nuestras ilusiones. El Toralín era una referencia de prestigio, de estar entre los grandes, de sentirse de alguna manera importante. Grandes equipos que han estado en primera división pasaban por nuestro campo y se les ganaba. Esto sí que era orgullo sano.
No se puede obviar también el daño económico que supondrá para la ciudad el descenso. La venida de aficiones a Ponferrada siempre reportaba un beneficio económico que ayudaba al sector de la hostelería a aliviar su situación. Los equipos grandes mueven grandes aficiones.
Dicho todo lo anterior, no debemos caer en la pesadumbre. No va con nuestro carácter. Los bercianos somos gente acostumbrada a luchar por todo y contra todo. Quizás sea que la bendición de ser una comarca situada geográficamente lejos del epicentro geográfico peninsular, nos obligó tradicionalmente a esforzarnos más que el resto para alcanzar nuestros objetivos.
Algo similar le ocurre a la Ponferradina y es que los esfuerzos para permanecer en segunda división han sido enormes por parte de la directiva y de los socios. Se requieren recursos económicos importantes para mantenerse en la categoría de plata.
En momentos como los actuales donde a nadie le sobra un céntimo, se hace muy cuesta arriba la gestión y permanencia. Si a esto le añadimos que se trata de fútbol, no existe la lógica, todo es posible y como ha ocurrido el descenso ha llegado.
Toca reiniciar de nuevo la lucha por el ascenso. No es la primera vez, ni será la última. Quizás con el trabajo y un poco de suerte podamos presenciar los que ahora estamos con la moral baja un nuevo ascenso no sólo a la categoría que abandonamos, sino a primera. ¿Por qué no? Con trabajo, esfuerzo y unión, lo que ahora es tristeza puede convertirse en alegría y la materialización de lo que en estos momentos parece un sueño imposible.
No debemos perder la ilusión y la fe en nuestros valores tradicionales como bercianos y como luchadores por nuestra tierra.
Luchar y contribuir al esfuerzo de colocar de nuevo a la Ponferradina donde se merece es luchar por nuestra tierra.