Por cuatro duros
S on muchas las cosas que se pueden hacer por mejorar la vida de los vecinos de esta capital y que, no exigen un gran presupuesto. Aunque tal vez sea éste el problema: que a nuestros munícipes sólo les gusta hacer cosas fastuosas, de las que poder presumir, en vez de vanagloriarse de lo útiles que son para sus convecinos.
No tiene sentido que digan a los cuatro vientos que se desviven por esta ciudad cuando prácticamente no hacen nada útil, que se vea, que se note en la calle, que todos tengan que reconocer que gracias a ello su día a día es más fácil. Parece como si sólo tuvieran tiempo e ideas para proyectos faraónicos, que les distinguirán de sus compañeros por los siglos de los siglos. Esto dice muy poco de su sentido de la realidad, de lo que se conocen a sí mismos y a quienes aquí vivimos. En cambio hace pensar en oscuros intereses por los que decir blanco donde antes decían negro, aunque eso suponga ir en contra del sentir popular.
Cuatro duros, que se decía antes es lo que nos costaría colocar carteles en las calles señalando el barrio Húmedo, que mal que nos pese es el más famoso de esta ciudad y más visitado por los turistas que la Catedral. Es difícil andar por el centro un fin de semana sin que alguien te pregunte por dónde se va al Húmedo. Y nuestros visitantes no entienden que no esté señalizado. Yo, tampoco.
Otros cuatro duros costaría colocar en las esquinas placas con el nombre de las calles. Una sugerencia: nada de placas metálicas. En Zamora, Valladolid, Burgos y en muchos pueblos de nuestra provincia las hay de cerámica, perfectamente legibles y hasta bonitas.
Y por un poco más (400 euros dicen) se dejaría la plaza del Grano como nueva con esa hacendera que se propone, porque la realidad es que no son más de ocho o diez metros cuadrados los que deben reponerse de morrillos. Y las aceras no hay que tocarlas. A ver si somos capaces de no volvernos exquisitos con la burocracia patrimonial y se impone el sentido común para que la plaza del Grano siga siendo como la conocemos y no queramos igualarla con cualquier otra. Si tienen que arreglar las calles Capilla y Mercado que lo hagan, pero dejen la plaza como ha estado siempre. ¿Qué pierden por probar? Sólo 400 euros. Pero también nos daremos cuenta de que las cosas se puedan hacer con poco dinero sin margen para la corrupción ¿Pero no queremos acabar con ella?