TRIBUNA
Dignidad ante todo
V ivimos una situación en la que la ciudadanía debe castigar a los políticos que no han sido, ni son dignos de un electorado ejemplar, serio y democrático. Clarísima situación de absoluta indignidad política. Sólo su renuncia es requisito indispensable de benevolencia. Nunca repetir.
Vaya por delante que no voté al PP. Y que mi indignación es, al menos, como la de la generalidad de los españoles. Ahora bien, lo que supera toda estulticia, toda tolerancia ciudadana, todo sentido democrático, es la indignidad del tal Sánchez (en una actual encuesta el 85 % le culpan del fracaso reciente). ¿Cómo es posible que se postule a repetir candidatura? Él fue el abanderado de aislar a otro candidato con la única finalidad de erigirse como indiscutible adalid de todos los progresos, victorias, sillones, mandatos y exhibiciones.
Su fracaso, tanto en votos como en formar gobierno han sido estrepitosos, humillantes, decepcionantes. ¡Y tan fresco! Eso demuestra su catadura y su caradura para plantarse de nuevo como el ‘espanta-votos’ del socialismo desprestigiado. Es más, soberbiamente habla de humildad… ¿…? ¿Puede haber mayor pedantería y desprecio a los votantes? ¿Habrá un solo español —excepto siempre los fanáticos— que dé su voto a semejante pretencioso?
Su debacle no es una circunstancia fortuita. Muchos lo habíamos previsto, anunciado y escrito, ¡Cuánta razón nos asistía! Ahora, con mayor, mucha mayor razón se puede anunciar el «des-psoe». ¿Dónde está el partido, dónde el Comité Central, dónde los elefantes, los barones, los muchos honrados socialistas?
Imposible encontrar peor candidato: cero dignidad. Y dignidad significa mucho; dignidad implica honor, hombría, humanidad, sentido del equilibrio, de la justicia, de la responsabilidad; sentido social, ético y de Estado… carencia total.
Los simpatizantes socialistas —que lo eran— huyen espantados de la eventual repetición de candidato. Esperan no verle ya que, tras la experiencia demoledora y humillante, puede resultar una candidatura sumamente peligrosa… ¿Son conscientes de todo ello en el PSOE? ¿Son conscientes de que ponen a España en serio peligro? ¿Asumen tal responsabilidad, comparten tal riesgo?
Están a tiempo de enmendar la plana; lo saben y lo temen, pero… ¿Son tan pusilánimes que no se atreven? Es tiempo de coraje, es tiempo de apostar por España y nada peor que un sujeto vencido y humillado para afrontar los retos por venir.
Otros aspirantes políticos, de otros partidos, han hecho infinitos méritos para ser también sustituidos o simplemente eliminados de encabezar listas y yo abogo porque, si tienen un mínimo de vergüenza, de dignidad y sentido democrático, deben dar paso a otros. Claro que ninguno tan evidente y palmario, tan urgente y tan clamoroso como el caso de Sánchez que ha tenido en su mano formar gobierno, buscar el bien de España, ponernos en situación de prestigio, de equilibrio y de progreso. Por el contrario se centró sola y exclusivamente en su «entrada triunfal en la Moncloa». Y lo va a seguir buscando, mendigando, vendiendo España a cualquier postor que le dé la llave de lo que considera «su reino». ¿No es sumamente peligrosa tal situación, tal aventura? ¿Qué méritos puede exhibir para ello? Cero. ¿Cuántos deméritos?: Infinitos; cuatro lamentable y ruinosos meses para España, más toda su muy lamentable campaña de más de un año antes del 20 D. Si alguien no le conoce…
Esperemos que los cuerdos españoles le digamos, de una vez por todas, que su sitio no es el que está ocupando. Como supongo que conoce el famoso Principio de Peter, me abstengo de recordárselo pero sí apelo al partido y a los españoles, por supuesto.