Diario de León
Álvaro Caballero
León

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Si aún está el bar abierto, todavía hay salvación. Aunque la puerta sea el quicio del abismo, un día malo o incluso bueno, que a veces son los peores, puede salvarse si sabes agarrarte a la barra adecuada, arrellanarte con solvencia en el taburete y esperar hasta convertirte en un objeto animado del mobiliario que interacciona en el ecosistema y asienta su derecho de usufructuación. No hay parlamento, ni escuela, ni consulta médica, ni gabinete de sicología que pueda superar las cualidades que acumula el bar para atender las necesidades de un pueblo. Si hay bar, hay esperanza. Como sentencia el genial escritor gallego Juan Tallón en Mientras haya bares (editorial Círculo de Tiza), un libro líquido para leer a tragos como esos que se dan al echar la parva, «probablemente, un pueblo que pierde la capacidad para convocar una reunión alrededor de la barra es un pueblo muerto. Da igual que aún tenga habitantes. Como pueblo, es un cadáver».

Lo saben en Castellanos. Casi una treintena de vecinos del pueblo, en la comarca de Sahagún, han cortado la carretera por segunda semana consecutiva para exigir a la junta vecinal y al adjudicatario de la concesión que «hablen y abran el bar». «¡¡El pueblo se siente abandonado!!», se lee en un pedazo de sábana blanca, como un grito de supervivencia que condensa la filosofía de la protesta con más sentido de los últimos años, en los que se empezó por publicitar que se tomaba la calle y se ha terminado por perder el bar. Una gota que, quizá porque colma el vaso y no hay dónde apurarlo, ha levantado en cachas a la población para resistirse a que la última unidad de supervivencia desaparezca. Cansados de que la despoblación avance hasta convertir a la provincia en erial, de que la Agenda de la Población de la Junta acumule gasto y bajas a miles en el censo, de que desaparezcan 700 profesores en los últimos 8 años de las aulas leonesas, de que la sanidad pública se evalúe como un balance económico, un grupo de paisanos se acantona en un pequeño reducto de Tierra de Campos para avisar de que ya está bien de joder con lo poco que les queda. Si quieren enterrar los pueblos, que cierren el bar y abran la puerta del cementerio para que quepa dentro. Pero que nos pongan antes la penúltima.

Si nos quitan el bar, qué nos queda para salvarnos. Hogar, dulce hobar.

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