Diario de León
Publicado por
aquí y ahora MANUEL ALCÁNTARA
León

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A l principio éramos todos, pero ahora, a medida que se acerca la fecha, hay que contarlos uno a uno. ¡Un hombre, un bote!, que se decía en las veladas de boxeo del madrileño Campo del Gas, recreadas y conmemoradas por José Luis Garci, que sabe que el libro del tiempo tiene vuelta de hoja. El club de los optimistas, o sea, de los que creen que cualquier época puede ser peor que las anteriores, no admite que las divergencias en materia fiscal y laboral, además de en políticas sociales, pueden ser peor que las precedentes. El futuro, que los griegos decían que está en las rodillas de los dioses, ahora está en nuestras pecadoras manos, ya que las ilusorias deidades están operadas de los meniscos y no pueden dar pie con bola. Por fortuna, únicamente los que están desilusionados por anteriores promesas son los que pueden desilusionarse. Los que formábamos parte del club de los escépticos nunca nos molestamos en tener carné, ya que tampoco creemos en el escepticismo y seguimos dudando si está palabra se escribe con hache y con equis, como el gran Ramón Gómez de la Serna, «revelador del universo», al que no pude visitar en su casa de Buenos Aires porque cuando toqué el timbre hacía una semana que estaba muerto y en la calle Hipólito Irigoyen sólo residía la sacerdotisa Luisa, que únicamente creía en él.

—Ramón era como Lope de Vega—, le dije, creyendo que era un elogio suficiente, y ella contestó: «Ramón era mucho más». Admirables viudas españolas, ahora que no sabemos ni quienes eran nuestro padres procesales, ni quién era la madre patria que nos parió. Lo que sí sabemos es que ningún partido político cree que es necesario hacer ajustes a pesar del déficit. Aumentan las diferencias y las divergencias en materia fiscal y laboral y en eso que llaman políticas sociales, que son las que más nos importan a todos, incluso a los que tenemos un gran porvenir a nuestras espaldas. Enfrente tenemos a Hacienda. Como siga apretando va a llegar el momento en el que no tenga a ninguna persona decente a la que asfixiar. Si ha aumentado el número de indecisos es porque no hay caminos. Todos terminan en nuestro bolsillo del pantalón.

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