Acebo, joyeros
Desde la noche de los tiempos, el negocio y el comercio son la savia que vivifica una comunidad, ya que resultan imprescindibles para la prosperidad del pueblo. Desgraciadamente, la tiranía de la crisis hace que el mercado se encuentre pachucho y bastante alicaído, una pandemia explicitada en los odiosos avisos de «Se vende» y «Se traspasa» que aparecen multiplicados aquí y allá a lo largo y ancho de nuestro casco urbano. No obstante, a pesar de todos los pesares, la excelencia sigue siendo rentable y el apellido Acebo está consolidado como santo y seña de una estirpe de leyenda en el mundillo comercial de nuestra ciudad. Más concretamente, es símbolo de elegancia y buen hacer dentro del sector del lujo y los regalos para paladares finos. José María Acebo es desde hace años árbitro reconocido de la joyería en León gracias a su oferta chic y los diseños de alta costura que expone en unos escaparates rutilantes, sembrados de exquisiteces y todo tipo de propuestas creativas.
En su coqueto establecimiento abierto a comienzos de la década de los 80 en un rincón privilegiado de la avenida República Argentina, ha participado con arrojo y determinación en la eterna lucha cuerpo a cuerpo entre la oferta y la demanda, gracias a un deslumbrante espejo de maravillas que siempre fue gancho de seducción para el León más selecto. Un buen hacer garantizado por años y años de profesión, a modo de celebración del trabajo bien hecho. Continúa la saga familiar y ahora es su hijo Alex quien lleva las riendas de un negocio de mucha etiqueta y solvente tradición, dedicado fundamentalmente a estimular el extraordinario placer de ir de compras. El exigente brasero de afectos locales permanece, antes y ahora, del lado de los Acebo, una escuela de estilo muy personal cimentada básicamente en la experiencia y el talento comercial. La llamada ineludible de sus escaparates es el sello distintivo de una casa consolidada como sinónimo de calidad y buen gusto. Una firma de lujo, en definitiva, que actúa en nombre de la estética y siempre a precios de lo más cristiano.