Los cien mil pitos de San Gates
Mientras que al general Porlier lo ha respetado la memoria histórica y todavía conserva su nombre una recoleta plaza de Oviedo, de los Cien mil hijos de San Luis, aquella tropa francesa que vino a defender en España el Antiguo Régimen y a restablecer el absolutismo de un borbón, ya nadie se acuerda, salvo los historiadores, que ya están en la cuenta atrás de su segundo centenario. En el ínterin, el magnate fundador de Microsoft, imbuido por el espíritu de las cifras redondas, ha lanzado en Internet una campaña benéfica que es imposible resistirse a bautizar como ‘Los cien mil pitos de San Gates’. Hay cosas completamente serias que sólo permiten acercarse a ellas mediante un tratamiento como de chufla. Los españoles, por ejemplo, seguimos llamando a la Constitución de Cádiz de 1812 ‘la Pepa’.
Combatir la pobreza de los países subdesarrollados no le ha parecido a Bill Gates —ni a uno, lo digo por si acaso algún ciudadano se me enciende sin motivo— un asunto menor y, por ello, ha abierto una página web donde realizar donaciones para entregar cien mil pollos a países del África Subsahariana. Las aves irían destinadas a familias que subsisten con menos de dos dólares al día y a mejorar la economía de las mujeres, «ya que» —eso lo dice él y no yo, átense los machos las feministas, dicho sea sin segundas— «las gallinas normalmente se quedan cerca de casa y en muchos países son percibidas como responsabilidad de la mujer». En algunas noticias es mejor quedarse en el titular: «Las gallinas y no los ordenadores pueden acabar con la pobreza en el mundo».
De todos modos, con todo lo loable que tiene este proyecto, uno no sabe si acabará como el cuento de la lechera. Y es que las cuentas que hace el filántropo pasan porque en tres meses cada familia tendrá unos cuarenta pollos para poner a la venta, que, al precio de cinco dólares por unidad, supondrán más de mil dólares anuales de ingresos. Y no porque, como alguno estará pensando, bastantes de esas pitas acabarán en la cazuela, sino por la ley de la oferta y la demanda: en un mercado inundado de gallinas, su valor caerá en picado. A veces me pregunto si los peces duermen y cómo algunos se han hecho multimillonarios.