Diario de León
Publicado por
FLORES DEL MAL Gonzalo ugidos
León

Creado:

Actualizado:

E n Niza nació Garibaldi y murió Isadora Duncan en el mismo paseo en el que el jueves pasado un lobo solitario mató a 84 personas. Los servicios de inteligencia no previeron que Al Qaeda, la franquicia mundial creada por Bin Laden, iba a mutar en el IS y a matar no solo con  comandos, sino con fríos asesinos solitarios que no han dejado rastro ni en reuniones ni en mezquitas radicales. Decía André Breton que el acto surrealista más simple consiste en salir a la calle con un revólver en cada mano y, a ciegas, disparar a mansalva contra la multitud. Esa propuesta disparatada parece el manual de combate del nihilista que, con un rifle o un cinturón de explosivos, mata a ciegas. Matar es fácil con los ojos cerrados.

Cuando a finales del siglo XIX se preguntó a los franceses sobre las amenazas futuristas más fundadas, se confeccionó una lista que relacionaba la invasión de los cosacos, la incineración de cadáveres o la hecatombe total de la especie humana. Y en ese plan. A nadie se le ocurrió apostar por los lobos solitarios. Aquel siglo se despidió con Darwin proclamando que detrás de nuestra especie había una horda de monos locos; el siguiente comenzó con Freud apeando a la razón de su trono de prestigio y con Einstein acreditando que el universo carece de sentido común. O sea, que el siglo XX fue el enterrador de muchas cosas que creíamos sólidas como bolas de billar y resultaron blandengues como el queso de Burgos. La seguridad, por ejemplo. En el momento más dulce de la ideología del progreso, Pierre Simon Laplace afirmó que si conocemos exactamente el presente, podemos predecir el futuro. En ese silogismo no es la conclusión lo que falla, sino la premisa. Por principio no es posible conocer el presente en todos sus detalles. Está hecho de azar, incertidumbre, desorden y cisnes negros. De caos y más caos. Nada es previsible.

En los 80 y 90 del siglo XX hubo intentos de volar la embajada de Estados Unidos en París y se planificaron ataques en estadios de fútbol, pero fracasaron. Hasta que apareció lo imprevisto: el lobo solitario dispuesto a morir matando. Su móvil es el odio a Occidente; su motor, el fanatismo. El capitalismo salvaje y el delirio religioso se retroalimentan y lo ocupan todo como gases explosivos. Cierta forma china de maldición es desearte que vivas en tiempos apasionantes; los que nos han tocado en suerte son poco aburridos, la verdad. Nadie se aburre en la carreta que lo lleva al cadalso. Aunque también entonces el mundo era ?inseguro, Scott Fitzgerald vivió en Niza años apasionantes de vino y rosas; pero ya huía la utopía y su lugar lo ocupaba cierta ansiedad sin objeto preciso: el miedo. Vivir es ver volver, dijo Azorín.

tracking