EL BAILE DEL AHORCADO
Ampliación del campo de batalla
Cuando Marcusse hablaba de la liberación de la conciencia no contaba con que el tiempo nos traspasaría, con que llegaría un momento en el que el pasado y el futuro violarían las normas de la física para cruzarse. Y, sin embargo, en eso estamos. El problema es que no tenemos herramientas para meternos en un agujero de gusano y volver a la Edad Media. Nosotros no podemos hacerlo. Nos ha costado demasiado llegar hasta aquí como para hacer el camino de vuelta. Y la pregunta que surge es cuáles son, a partir de ahora, las opciones que tenemos. La guerra que sufrimos es una confrontación entre el hombre que quiere estar a la intemperie y el que se niega a aceptarlo. El grupo siempre es más fácil. Te da seguridad. Y no nos engañemos, la comunidad de conciencia es la máxima expresión de la manada. No parece que el azar sea la razón por la que Francia es la principal víctima de esta batalla. Nietzsche no podría haber alumbrado a su superhombre sin la nueva humanidad que parió Voltaire, y éste, a su vez, no habría sido posible sin el carácter individual de la eternidad que trajo el cristianismo. Sin la Biblia, Marx dejaría de estudiar en la Biblioteca del Británico. Por eso, resulta sonrojante que algunos sigan con la letanía de que Europa no es un club cristiano. Este es el tema de nuestro tiempo, aunque haya otros, aunque se dé la paradoja de que estemos hablando de transhumanidad, del final de la muerte, en el mismo campo de batalla en el que se degüella a un sacerdote ante el altar. Parece cosa de locos pero está pasando. Da miedo escribir.
Parece que han pasado siglos, pero acaba de ocurrir. El tiempo siempre regresa cuando tratamos de mirar hacia otro lado. En su última novela, Salman Rushdie regresa al pasado para crear una alegoría de la eterna lucha entre barbarie y razón. Para abreviar: gana la razón, pero con la ayuda de un hada, un hada a la que el escritor perseguido por los fanáticos llama Dunia... Parece que fue hace mucho, pero ocurrió hace un momento. La fatua, digo. Hace un momento creíamos que no iba con nosotros, pero el campo de batalla se ha ampliado y ahora nos amenaza a todos, todos somos el blanco en este nuevo tiempo, un lugar raro en el que nos obligan a decidir si regresamos sobre nuestros pasos o nos arriesgamos.