Candidato cercado
C continúa siendo un candidato cercado, absolutamente cercado. El rey ha escuchado negativas rotundas a la investidura del candidato popular, Mariano Rajoy, pero también dispone de la información suficiente como para saber o, por lo menos, intuir, que no hay gobierno alternativo. Así las cosas, es una ingenuidad no poner encima de la mesa la hipótesis, cada vez con mas visos de realidad, de unas nuevas elecciones. La elegancia y prudencia de Sánchez insistiendo en que tiene que formar gobierno no ya con Ciudadanos, sino con los independentistas porque de lo contrario no sumaría, no deja de ser enternecedor cuando él se negó en rotundo a hacerlo. No deja de ser «altamente altruista» el afán regenerador de Ciudadanos que con 32 escaños nunca soñó con tener dos puestos en la Mesa del Congreso. No hay que dejar de lado la forma de hacer las cosas de Rajoy. Bien está discreción, pero cuando todos hablan, hablar un poquito no estropea nada.
De todos modos, no hay que engañarse: se trata más de cercar a Rajoy que de buscar acuerdos. Nadie quiere elecciones, nadie quiere pactar con los independentistas pero se recomienda a otros que lo hagan. Se vetan personas sin entrar a hablar de políticas y ni siquiera se acepta facilitar la puesta en marcha del famoso reloj de la democracia con una abstención masiva, para facilitar la puesta en marcha de los presupuestos, el techo de gasto y la financiación autonómica y de ahí, de nuevo a las elecciones. ¿Para qué quieren Sánchez y Rivera una investidura fallida si al mismo tiempo no quieren elecciones?. ¿Cómo se puede afirmar la convicción de que habrá gobierno si éste no es posible sin la abstención del PSOE? Entre unos y otros nos han metido a todos en un sudoku casi imposible, pero si cansino e irresponsable. De todo lo que viene ocurriendo se pueden sacar algunas conclusiones: ganar las elecciones puede resultar algo casi irrelevante; el veto a las personas se da por bueno y, lo más importante, mucho más que las necesidades y urgencias de España son los intereses de cada cual. Rajoy irá a la investidura y lo hará sin programa de Gobierno y con la única finalidad de poner en marcha el reloj de la democracia que es lo que Rivera y Sánchez le han pedido. Ni uno ni otro han dejado la más mínima rendija para, por lo menos, lograr unos cuantos acuerdos tasados y así, poco a poco, avanzamos —salvo milagro— hacia unas nuevas elecciones que entre unos y otros se las han ganado a pulso.