Diario de León
Publicado por
La gaveta César Gavela
León

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H ay muchos caminos a Santiago; en realidad todos los que se realicen con esa meta, nazcan donde nazcan. Cada uno puede establecer desde su lugar de residencia una ruta, y cumplirla. Aunque no haya señales ni compañeros caminantes. Ahora bien, existen varios caminos oficiales, todos ellos admirables, y que valen lo mismo a efectos de aventura interior, de descubrimiento de la naturaleza y las gentes, y de muchos otros bienes físicos y espirituales que procura ese mágico andar y ver. Pensemos en el camino del Norte, tan hermoso de recorrido, tan antiguo también, el que cruza el País Vasco, Cantabria, Asturias y el norte de Galicia. O recordemos al portugués, al de la Ruta de la Plata, al catalán, al inglés, al de Finisterre o al de Madrid. O al de Levante, cada día con más pujanza. Toda esa riqueza es expresión de amor a la vida, no solo a la dimensión jacobea. El camino está en la fe y más allá de la fe.

Pero, claro, el camino por excelencia, el camino con mayúsculas, es el que arranca de Roncesvalles, o en su variante aragonesa en Somport. Los viajeros que entran en España por esos dos pasos de montaña, y que ya vienen de transitar mucha belleza cuando se unen en Puente la Reina, a partir de ahí conocerán un reino inigualable de arte, memoria, misterio, verdad y fuerza. Y luz, agua y piedra. Nájera, Santo Domingo de la Calzada, Burgos, Frómista, Carrión de los Condes, Sahagún, León, Astorga, Ponferrada, Villafranca, O Cebreiro, Samos… Es una lista sensacional, en la que tiene un gran peso el tramo leonés.

Este camino es un tesoro para la provincia. Que ofrece más de doscientos kilómetros de ruta hacia Compostela. La senda, además, ha contribuido a construir la identidad cultural de diversas comarcas leonesas, como la del Bierzo, inexplicable sin el antiquísimo y tan revitalizado itinerario. ¿Quiere ello decir que hay que ignorar algunas variantes de la ruta que en los últimos tiempos se han documentado, y que también son hermosas y atractivas? Por supuesto que no; pero sin olvidar que el oro jacobeo pasa por el Camino Francés canónico. Que su bagaje de siglos y gentes, de sueños y alegrías, de penas también, y de soledad y revelación, tiene sus plazas fuertes en las viejas ciudades, villas, pueblos y aldeas de la vía medieval. Un lugar como Rabanal del Camino, por poner un ejemplo, solo es posible en la gran ruta que llamamos Camino Francés. Solo ahí podían suceder La Cruz de Ferro, Foncebadón o El Acebo, y no digamos Molinaseca o Villafranca del Bierzo. El camino está en la entraña de nuestra provincia-región, es un añadido a la labor de los romanos o de los antiguos reyes ovetenses, luego leoneses. Este camino es milenario y a la vez es joven, nos está esperando. Y aunque es bien cierto que las rutas son infinitas y que todas conducen a la plaza del Obradoiro, el camino por antonomasia es solo uno.

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