Diario de León
Publicado por
al trasluz Eduardo aguirre
León

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R ecurramos al terror, que es muy socorrido. Pongamos que hay una invasión zombi y que no puedes ir a tomar unas patatas Blas sin que con tus sesos se hagan un revuelto. ¿Qué haríamos? Unirnos, olvidar las desavenencias vecinales e intentar todos juntos poner nuestros cogotes a salvo. Sería un disparate espetarle al fortachón vecino del 10º B: «No, contigo no me uno, que sacas a deshora la basura». La unión hace la fuerza. Olvidaríamos las desavenencias de la última junta. Primaría el pelillos a la mar. Pero por lo visto, en política no funciona así. Llevamos meses sin Gobierno porque a ciertos políticos les trae al fresco que a usted y a mí nos muerda el zombi. Algunos políticos insisten en un razonamiento perverso: «El que haya ganado las elecciones que se fastidie. Haberlas perdido, como nosotros». Es decir, lo que había de ser reconocimiento hacia el respaldo mayoritario en las urnas se torna venganza sainetesca. Extraña interpretación del veredicto de los ciudadanos. Ganó ampliamente Rajoy, y no se debe partir de otro axioma. «Ah, se siente», farfullan algunos virtuosos del revés electoral. Lo nuestro ya no es una democracia perpleja, sino con cogorza. ¿Por qué extraño razonamiento se concluye que no hay obligación de evitar unas terceras elecciones? «No hay quinta mala», murmurará el diputado Fulano. Ya. Y doce cascabeles tiene mi caballo.

También, si no se entiende con zombis puedo explicarlo con el hundimiento del Titanic, del que leo veremos una gran maqueta en León. El trasatlántico acaba de chocar con el iceberg y los pasajeros corren despavoridos. Pues bien, sólo a cierta clase de político se le ocurriría proponer en ese momento una comisión de investigación. Y exigir que le traigan el huevo pasado por agua que acaba de pedir. Pues de la misma forma que ante una invasión zombi uno se entendería con su vecino del décimo, aunque saque a deshora la basura, de la misma forma los partidos rivales tendrían que consensuar entre ellos políticas de colaboración, dada la situación extrema en la que nos hallamos. ¿Y si el vecino además es del Barça? Aún así. Peor será que te muerda el zombi y en una de esas partes del cuerpo de las que, ay, te daría penina desprenderte.

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