Diario de León
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PANORAMA ANTONIO PAPELL
León

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N uestro modelo electoral, que se basa en el cálculo de restos, se caracteriza por primar a las dos primeras formaciones y por penalizar a la tercera y siguientes. Históricamente, PP y PSOE han mantenido la primacía desde 1982 hasta el pasado 20-D, y los terceros en discordia —el PCE, después IU, por la izquierda, y el CDS centrista de Adolfo Suárez—han tenido angustiosas dificultades de supervivencia. Así por ejemplo, Izquierda Unida lograba el 20D 923.000 votos y sólo dos diputados (uno por cada 462.000 electores) en tanto en estas mismas elecciones el PP necesitaba 59.000 electores para cada escaño y el PSOE, 61.000. A cierta distancia, cada escaño de Ciudadanos ya costaba 79.500 votos.

Es, pues, evidente que con este sistema electoral la utilidad del voto es mayor cuanto más respaldo tiene el destinatario. O, dicho de otro modo, el elector, por razones obvias, intentará sacar la mayor utilidad a su decisión optando por unas de las opciones que más pueden influir. Así las cosas, no es difícil entender que, si no se procede a una reforma de la ley electoral, la tendencia al bipartidismo se mantendrá. Y, en todo caso, la persistencia de este sesgo intencionado perjudicará a los actores políticos que estén en tercero y cuarto lugar en el ránking de las preferencias ciudadanas. Ciudadanos acaba de experimentar en carne propia este efecto según la encuesta del CIS publicada esta semana: la formación de Albert Rivera es la que menos fidelidad de voto registra, sólo el 77,7%; un 5% de sus votantes elegirían ahora al PP y otro 13% afirma que no votará o está indeciso sobre su voto. En realidad, si no se establecen unas nuevas condiciones con las que el peso de los votos sea similar tanto si se dirigen a formaciones mayores como a otras de menor tamaño, la tendencia a la concentración persistirá. Por ello, Ciudadanos tiene actualmente unas urgencias vitales, que probablemente serán las que determinan su actuación a corto y medio plazo: por una parte, no puede permitirse el lujo de unas terceras elecciones porque se expondría a caer en la irrelevancia ya que con toda probabilidad una parte de sus electores le achacaría la responsabilidad de la repetición y trasladaría su apoyo al PP para facilitar la gobernabilidad. Por otra parte, Ciudadanos tiene que aprovechar su actual ascendiente para forzar una reforma electoral, sin la cual las terceras vías tendrán que soportar siempre una presión exorbitante que las impulsa a la desaparición.

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