Diario de León

TRIBUNA

¿Por qué ignoramos nuestras raíces?

Publicado por
Matías González Profesor, sociólogo
León

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E l Ayuntamiento de León culminó en la primavera del 2014 una interesante iniciativa de promoción turística de nuestra ciudad al reconvertir la antigua Casona de la Cárcel en un espléndido museo de la historia leonesa. 3,5 millones de euros del erario se gastaron en la obra. 2,5, a cuenta del contribuyente de la autonomía y 1,0 a cuenta del de León. Hoy día los visitantentes de nuestra ciudad lo pueden disfrutar sin coste algún.

Seis hermosas salas, hábilmente restauradas constituyen el espacio rehabilitado. Todas ellas lucen un exquisito aspecto en el que se entremezclan los paños de ladrillo morisco con los de canto rodado y piedra labrada definitorias de lo que bien podríamos empezar a llamar estilo leonés. Y entre ellos asoman viejas vigas de roble rescatadas del ataque de la carcoma o pequeños retazos de artesonados.

La mayoría de ellas están consagradas al periodo romano de nuestra ciudad, al que deben su origen. La restante, al medieval, en torno al parlamentarismo del que presumimos con razón de ser precursores.

Admira la profusión de contenidos, el cuidado en los detalles, la variedad de recursos y los planteamientos didácticos de ambas exposiciones que las hacen óptimas para visitas escolares de cualquier etapa.

Y sin embargo se echa en falta algo. Por algún motivo se ha perpetrado un clamoroso olvido: el de la historia anterior a los invasores romanos. La que soporta las encofraduras sociales de nuestra comunidad y la genética básica nuestra identidad: la cultura astur. ¿Por qué se les ignora así?

Sería inaceptable aducir, como pretexto de ese olvido, que carecemos de testimonios históricos de suficiente hondura para hacer merecedores a nuestros ancestros de una sala, al menos de este museo consagrado a promocionar la memoria de nuestra tierra leonesa.

No hacen falta lápidas, dibujos, ni escritos para reconstruir una historia. Con los medios de ahora toda reconstrucción es factible y así se ha hecho con la época de los romanos y la de los medievales. ¿Será acaso que consideraron los gestores del proyecto que los astures no tienen cabida en la historia especifica de la urbe leonesa, ya que esta fue creada por los legionarios romanos?

Podría valer, como argumento, aunque desvelaría una miserable estrechez de miras de los creadores del museo al marginar a la provincia leonesa de la que se nutre básicamen te la metrópoli.

No, me atrevo a pensar que el motivo es diferente y por desgracia más enjundioso. No sé si achacarlo a los proveedores de contenidos del museo o a consignas de las autoridades que sufragaron sus costes. Me inclino por una connivencia de ambas y, entre ellas, naturalmente se encuentra la Junta.

Me inclino por achacar el menosprecio al aporte de los astures a la historia de León, a ese malsano intento de expropiarnos nuestra identidad leonesa por parte de las autoridades de ese engendro delirante llamado Castilla y León. Intento compartido, por desgracia por muchos intelectuales de León, arrimados al pesebre de la Junta, que no se recatan en negarnos la propia sal de nuestra identidad con olvidos, ocultamientos y falsedades de toda laya.

La realidad incontestable de nuestra identidad, le pese a quien le pese, es el sustrato astur del que provenimos genéticamente una buena parte de los naturales de esta tierra. Los astures ocuparon el territorio después llamado convento astúrico, al menos durante cinco siglos, tantos como los que estuvieron después las renombrados romanos. Este territorio es el formado por las actuales Asturias, León y Zamora (norte) y cuyos límites naturales eran el mar Cántabro, el río Esla y los montes galaicos. Los astures, rama de la cultura celta, quizás mezclados con antiguos ligures formaron prosperas comunidades urbanas de cuya grandeza puede constatarse con un simple paseo por el Castro Ventosa, cerca de Cacabelos.

Ellos cimentaron los distintivos fonéticas de nuestra lengua, el vocalismo cerrado, la palatalización, la sonora musicalidad de la lengua asturleonesa, los platos base de nuestra gastronomía, los trajes ancestrales de nuestros paisanos, las formas de edificar y por supuesto a los rasgos del carácter y la idiosincrasia que nos distingue y renombra a los leoneses asturianos y norzamoranos. Confío que en un futuro no lejano, alguien enmiende la lamentable ausencia del legado astur en ese espléndido museo de la comunidad leonesa. Mientras llegue ese instante estaremos perdiendo otro tiempo crucial para preservar en nuestros descendientes la conciencia de una identidad, mutilada por quienes no quieren reconocernos como algo diferente a lo que representa esa farsa de la autonomía de CyL.

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