Surrealismo con pimientos
E ntré en una tiendina de San Mamés y leí el cartel. «Pimientos de Padrón de León». ¿Surrealista? Depende. A veces, con las cosas de comer sí se juega. Por supuesto, compré cuarto de kilo del manjar daliniano. Mi mujer está convencida de que tengo un método secreto para, cuando reparto, dejarle los picantes a ella. ¿Es surrealista vender pimientos de Padrón de León? Depende, también uno es madrileño de aquí. El que esté libre de surrealismo que tiré la primera piedra. A principios de verano me cruce por Gran Vía de San Marcos con un señor que portaba una camiseta en cuya parte posterior se leía el siguiente lema: «El Grial de León es el único que está documentado». No lo cuestiono, me encantaría que así fuese, pero me sorprendió la rotundidad. En efecto, surrealismos los hay de muchas clases. Por cierto, no sé por qué se dice en sentido peyorativo: «me importa un pimiento». A mí esta planta hortícola me parece el marisco de tierra. Petróleo comestible. El pimiento y la pimienta, que diría Iglesias. Torres de Villarroel escribió, con sospechosa musa quevediana: «un buen pimiento por nariz, dos ascuas grandes por orejas, y todo el cuerpo sudando tinta por cuartillas». Ah, aquellos faltosos del XVII. Alto pusieron el listón.
Surrealista es también llevar tantos meses sin gobierno. Algunos políticos, de los que perdieron las elecciones, siguen insistiendo en que sumando votos tienen más que la derecha. Olvidan que en la mano izquierda no todos los dedos son iguales. El que sirve para hacer una peineta no puede ser utilizado para el autostop. Sí, hay muchas clases de surrealismos.
Basta ya de interpretar en clave de pataleta las dos elecciones pasadas. Ganó el PP. No cabe duda alguna de ello y que, por tanto, es a este partido al que corresponde gobernar. ¿Por qué en política ha de ser tan difícil aceptar los hechos consumados? Hasta las fans de Kiko Rivera han terminado por asumir, y mira que les ha costado, que su sex symbol ya no está en el mercado de la carne, ni siquiera en el de la congelada. Ahora, las susodichas quieren hincarle el diente a las chuletillas de Justin Bieber. Eso sí que es surrealismo y no los pimientos de Padrón de León. Ah, otoño cuándo vendrás a liberarnos.