Amores sagrados
Q ué tiempos aquellos en que, sin ningún espacio para la nostalgia, el cura, el boticario y el alcalde eran las fuerzas vivas de nuestros pueblos hoy deshabitados. La literatura de la época y de la memoria han sido pródigas en descripciones de escenas con tales protagonistas, imaginándolos con frecuencia jugando al cinquillo o al dominó envueltos en los humos algodonosos de los cigarros liados de Caldo y alguna que otra copichuela de Sol y Sombra, con anís del mono y coñac frecuentemente de garrafón. Respecto al primero especialmente la imaginación popular ha desgranado infinidad de coplas, romances y cancioncillas, especialmente pícaras y humorísticas si el asunto tenía que ver con faldas y asuntos amorosos que le achacaban con amas de llaves, alguna feligresa especialmente devota, estuviese o no dedicada a vestir santos, que de todo había, dicen, en la viña…
«El confesor me dice / que no te quiera, / y yo le digo: Padre, / si usted la viera…». Seguramente lo mismo diría el confesor confesado, solo que en francés o flamenco: «La decisión del párroco de la localidad belga de Tielt —lo cuenta El Diario Vasco el 20 de mayo de 1993—, quien anunció en el sermón de la misa del pasado domingo su intención de casarse con una mujer con la que convivía desde hace quince años, arrancó los aplausos de los feligreses que asistían al acto litúrgico. Ante la mirada atenta de los fieles, Norbert Bethune fustigó sin piedad el celibato obligatorio impuesto por la Iglesia Católica, calificándolo de pecado de la Iglesia, que Jesucristo no habría querido».
Amor sagrado y civilizado.
Ni amor, ni sagrado, ni civilizado, sino todo lo contrario, el que cuenta El Porvenir de León (4 de mayo de 1901): «En Audanzas (La Bañeza) se ha cometido un crimen repugnante. El párroco de aquel pueblo, que sostenía relaciones con Julia Martínez, esposa de un caminero, de acuerdo una y otro trataron de asesinar al referido caminero: la noche de autos, estando trasladando muebles a la casilla salió el cura al encuentro, y le disparó tres tiros, dejándole casi agonizante. El cura fue preso el domingo último en el momento que salía de celebrar el Santo Sacrificio de la misa y elevar la Sagrada Hostia en las manos que poco ha empuñaban el arma homicida».
Haría una conclusión, que me callo, simpática en todo caso y universal. Mi amigo Javier Tomé, que tanto sabe de estos y otros asuntos, tiene aquí hilo para tirar de la cometa, si no lo ha hecho ya o está en ello. Buenos días.