TRIBUNA
Pedro viene de piedra

T ienes la cabeza más dura que una piedra», era un chascarrillo que nos decían cuando éramos niños y no teníamos buenas notas. La cosa es que cada uno iba sacando sus cursos, sus asignaturas adelante y la vida iba transcurriendo.
Pasan los años y pasa la vida. Nos hemos hecho mayores, y ahora nos encontramos en nuestro país, en España, con una situación política rayana en lo ridículo si no es que ya está, la situación, en pleno ridículo. Vivimos inmersos de pies a cabeza en ese ridículo que nadie queremos pero que todos soportamos.
¿Tendrá esto algún final? ¿Ese final será el correcto? Que preguntas tan tontas y que difícil es contestarlas. Llevamos ocho meses sin gobierno. Además tenemos unos políticos que les podríamos adjetivar como intermitentes; «ahora digo a», «ahora digo b». Y como es costumbre en la casa, en nuestro país, pues no pasa nada.
Produce desencanto observar al ciudadano normal que, cuando habla de la situación que estamos pasando, es incapaz de reaccionar, se viene abajo, asume que no hay nada que hacer, te dice derrotado, «esto es lo que hay», pero de poner remedio, de protestar ante la vergonzosa situación que se está viviendo, de eso nada de nada.
Esta piedra, perdón, este Pedro tiene la obsesión del poder y cual mula con las orejeras puestas, no mira a los lados, mira solo al frente. Y eso, dicen que le está perdiendo.
Pedro Sánchez ya no hace caso a nadie. Sus antecesores en el poder del PSOE, como pueden ser Felipe González o Alfonso Guerra, o Joaquín Leguina, le han sugerido, aconsejado, en más de una ocasión, que debe reaccionar a su postura primitiva del No a Rajoy.
Que decir No es No, puede valer si acaso como frase publicitaria pero ahí debe morir. Si Pedro Sánchez piensa lo que dice que piensa de los españoles, debe reaccionar de inmediato y, precisamente por los españoles, debe rectificar su posicionamiento inicial.
Debe ser cierto que el poder emborracha en determinadas circunstancias, pero lo del Sr. Sánchez clama al cielo, aunque a él eso de lo católico no le preocupa en demasía… por ahora.
Ser secretario general de un partido político de la talla, de la envergadura del PSOE, pienso yo, que requiere tener una serie de cualidades que ayuden a poder tomar decisiones en la dirección correcta, para su partido y para su país.
Desgraciadamente no es eso lo que ocurre con Pedro Sánchez. Lo mismo llama indecente al presidente en funciones del país, como cantamañanas a cualquier adversario con los que declaraba su interés en pactar y al final, como siempre, no cumplió.
Pero algo ocurre con este joven, que hasta gente de su propio partido le pide rectificaciones. El sigue con el No es No. Ni siquiera acepta que su partido el PSOE, se ha ido deteriorando desde que él Pedro Sánchez es secretario general. ¿Podría alguien decirle algo?. Ah perdón, No es No.
Y a todo esto, nuestro país está hecho una pena. Proyectos sin avanzar, innovaciones sin presentarse, adjudicaciones, sin ponerse en marcha, oposiciones sin convocar, concursos sin sancionarse... ¿De verdad, de verdad, nadie puede poner freno a esto? El ciudadano es demasiado bueno. Va aceptando lo que tiene delante aún a sabiendas que le está perjudicando pero se siente incapaz de tomar la iniciativa. Él creía que su voto valía, precisamente para estas cosas, para que los políticos elegidos fueran capaces de negociar pero se da cuenta que no vale su voto ni para eso. Deja de ser una pena y pasa a ser una desgracia.
¿Donde está el cáncer? ¿Quién es capaz de cortarlo ahora cuando no se hizo de raíz? Tiene que haber soluciones. Las hay. Pero necesitamos la voluntad de llevarlas a cabo, caiga quien caiga y eso aquí, es ir contra natura.
¿Por qué nos empeñamos en tener la cabeza más dura que una piedra, Pedro? Debe ser que Pedro viene de piedra.