Diario de León
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FUEGO AMIGO. ERNESTO ESCAPA
León

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El descubrimiento póstumo y tardío como gran fotógrafo de Bernardo Alonso Villarejo (1906-1998), que hizo vida de industrial ferretero, se demoró casi diez años después de su muerte. Y sin embargo, el historiador del arte Javier Hernando asegura que su obra recluida lo iguala a los fotógrafos más importantes del siglo veinte. El profesor Hernando, especialista en arte contemporáneo, analiza la evidencia de sus vínculos con los mejores fotógrafos internacionales y muestra su asombro ante la coherencia conceptual y formal de este maestro de la composición, que sabe manejar la sugerencia del contraluz como nadie. Hecho el descubrimiento, se disparan las perplejidades, porque una vez más la realidad contradice la ceguera del tópico, que restringe el padrón de la cultura a Barcelona y Madrid, quedando el resto para erial costumbrista.

Amigo y confidente de Gregorio Marañón, Bernardo Alonso Villarejo fue un viajero impenitente, que iluminó la tiñosa posguerra con el metódico respiro de estancias en París, Basilea, Londres, Estoril o la Costa Azul. A Madrid bajaba cada dos meses para una semana. El daltonismo interrumpió sus estudios de ingeniería naval en los felices veinte, dedicándose a recaudar la prosperidad de la minería en sus céntricos negocios de Bembibre y Ponferrada. Filántropo desprendido, culto y siempre altruista, dedicó a don Quijote la céntrica plaza que donó a su pueblo. En Bembibre emparentó con la familia del ingeniero inglés Federico Robinson, que iluminó la villa del Boeza desde su molino de Viloria.

Durante la última década de su vida, tuve una estrecha relación con él, que me permitió apreciar la estima que dedicaba a su obra fotográfica. Fue un mecenas generoso con su pueblo y un hombre austero y estricto, al que sólo conseguía sacar de sus casillas el desmán de la injusticia. Por eso abandonó de joven y para siempre la portería de la Ponferradina y tiró definitivamente el fusil en una ronda de la retaguardia bélica en Bembibre. Años antes, había sido testigo de excepción del octubre rojo de Bembibre, según recogió en la revista Estampa el periodista Javier Sánchez Ocaña, con quien había coincidido como estudiante en Madrid. A lo largo de toda la posguerra, supo mantenerse ajeno a las bicocas de la política, concentrando sus pasiones en la fotografía, en los viajes, en la lectura y en el coleccionismo. El 19 de noviembre se cumplen 110 años de su nacimiento. Buena ocasión para que Bembibre refresque su memoria y active la puesta en marcha de la casa Villarejo como centro cultural destinado a albergar la colección fotográfica de Bernardo Alonso Villarejo, así como la obra pictórica de su sobrina Maribel Alonso Llorente, fallecida todavía joven en accidente de tráfico.

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