TRIBUNA
De investiduras y de palos

M e disculparán si les cuento cómo veo yo este mayúsculo desatino de la presente semana, con el adelantado agradecimiento al Diario de León que, generoso al debate, cede espacio para una auténtica tribuna de opinión. Algún socialista leonés ha avanzado ya aquí cómo lo ven ellos, que más me parece visión necesitada de oculista o de milagro que cure la ceguera que proyecto para España. Toca hoy, que hay que volver a votar una investidura, cómo lo vemos nosotros, entre la urgencia que la economía y el empleo demandan, y la frustración de las expectativas de millones de votantes del 26J. Y, a lo peor, no es ni por asomo cómo lo ve la gente, entre el hastío, la incomprensión y la desafección. Porque esa es la clave de bóveda del sistema, la confianza del ciudadano; más aún de quien diligente y democráticamente activo, se toma la molestia, a pesar de todas las dudas que le generamos los políticos, de acudir a votar.
Lo mejor que podemos hacer en estos momentos es trasladar a cada leonés cómo consideramos que se puede desbloquear esta situación tras haberle pedido en diciembre y junio que pronunciara su veredicto personalísimo en las urnas. Hay quien se ha instalado en el inmovilismo y quien se ha movido, y mucho, para acordar, aceptando premisas y consecuencias que, ya se puede imaginar el lector, ha costado mucho tragar para alcanzar acuerdos. Y este es el primer cambio significativo de escenario que los socialistas no perciben. Están ellos haciendo el dontancredo que tanto le achacaban a Rajoy. Espero y fuerzo votaciones hasta ver si en alguna mejoro y me salvo. Que no es salvar al país, ni al partido, sino al grupo dirigente. Tanto tiempo ocioso a ese sol playero de Pedro Sánchez que tantas fotos y memes ha provocado en redes sociales no ha servido para que junto al ocio hubiera reflexión ni inflexión, sólo enrocamiento. El segundo cambio vital es la ruptura del famoso cordón sanitario. El PP no era capaz de dialogar porque ningún interlocutor quería su proximidad; menos aún de acordar. Pero he aquí que a los socios electorales Unión del Pueblo Navarro, Partido Aragonés Regionalista y Foro Asturias se une en un acuerdo parlamentario Coalición Canaria y nada menos que el anterior socio del PSOE, un Ciudadanos que daba barniz de nueva política y respetabilidad de futuro antes pero que parece no ser nada más que una derecha subordinada esta semana. No percibir que ambas circunstancias cambian significativamente el panorama es cerrar deliberada y perniciosamente los ojos para ver sólo la meta a superar, que es la permanencia incólume en la secretaría general del PSOE.
Propongo este título dada la expresión reiteradamente expresada por los dirigentes socialistas provinciales sobre que en el PP, y especialmente sus parlamentarios, no damos un palo al agua. Ya hice notar vía twitter (ese remedo de ágora para el azote político público), con menos sorna y fortuna que el miércoles Rajoy, que tanto decir eso no deja en buen lugar a los socialistas leoneses y sus jefes. ¿Qué les dice a los dirigentes provinciales socialistas haber perdido por goleada dos confrontaciones electorales generales en León contra un Partido Popular que dicen manchado por todas partes y que presenta unos candidatos inoperantes que no dan un palo al agua? Con toda la carga de la razón, que detentan en exclusiva, con el peso incontestable de sus argumentos de campaña y de ahora y con el trabajo parlamentario extenuante desplegado por los socialistas, no son capaces de llevar al ánimo de los votantes leoneses que son mejores que la padilla de vagos que componemos las listas del PP. Pues entonces tienen un problema colosal, bien de transmisión de sus ideas, de comunicación con un electorado mayoritariamente cansado de sus hechos, o de credibilidad, de dimensiones aún más épicas que la supuesta vagancia que nos tiene atenazados.
Si yo, siendo muy malo, consigo unos resultados enormemente distanciados de los que puede hacer gala el secretario provincial socialista (ganamos en 183 municipios leoneses por 28 del PSOE, 111.864 votos frente a 73.107, el 40,19% de los votos frente al 26,27% y cinco parlamentarios nacionales por dos socialistas) cómo se atreve a publicitar que sus contrincantes son tan malos. Yo evitaría esa comparación que revela lo infructuoso de su argumento maniqueo de que ellos son los buenos y nosotros los malos. Lo único peor que lo malo es lo pésimo, que es lo que vino a revelarle Rajoy a Sánchez, desvelando las vergüenzas de un resultado históricamente bajo. Y esto no es baladí, porque los socialistas se afanan hoy por decir que Rajoy está en la misma situación que Sánchez en su fallida investidura y que idéntica consecuencia habría tenido nuestra abstención en marzo que la suya ahora, obviando lo que el elector tiene muy presente: que es su preferencia expresada en las urnas y transformada en escaños lo que ha de prevalecer. Lo de las olimpiadas les confunde; Rajoy y Sánchez no son dos corredores que salen de la misma línea, a uno le han puesto más adelantado que a otro los votantes, en cincuenta y dos escaños y dos millones largos de votos; y la meta no está igual de cercana con los 131 votos de Sánchez que con los 170 obtenidos esta semana. De ahí que su cerrazón actual sea de bloqueo y para forzar unas nuevas elecciones que sólo parecen desear quienes tácticamente ansían arrebatar votos y escaños por su izquierda, a Podemos. Pero nadie más en España.
Por eso los socialistas leoneses deberían abandonar la estéril argumentación del palo al agua (cuando no hay gobierno la primera labor de los parlamentarios es conseguir uno estable, luego vendrán las iniciativas, que si no hay gobierno las Cortes se disuelven y decaen como todo lo hecho en la breve legislatura pasada; por no recordar al PSOE leonés que siempre nos ganarán en iniciativas de control al gobierno, eso se lo dejamos porque quiere decir que lo suyo es la oposición y lo del PP, el gobierno). Veamos quién da palos aquí. El palo al empleo leonés, seguro el PSOE, que lo duplicó hasta los cuarenta y dos mil largos; ahora 35.804 son muchos, demasiados; insoportable esa tasa que esconde personas con necesidades y no cifras frías. El palo al país se lo dan los palos de ciego de los de Sánchez, ese entremezclar lo suyo y lo de todos, ese sempiterno unir su supervivencia política interna en las procelosas aguas del PSOE al voto de un partido que ha sido muy importante en España y en León, ese confundir el interés nacional general con el interés a corto de sí mismo.
Y el palo final a su argumentario: ellos no pactarían con los nacionalistas pero el PP puede pactar con las derechas que quieren romper España, eso que llaman ellos los afines ideológicos. Y nada, por tanto del PSOE con Podemos, que no suman. Y nada de elecciones, que les pasarían una factura temible a priori (que vayan ustedes a saber qué sucede si la gente tiene que resolver por tercera vez lo que la obstinación de Sánchez bloquea).
Por eso, yo anhelo que no todo gire en torno a salvar al soldado Sánchez, porque si éste no deja de sangrar por la herida de su investidura truncada no podrá mirar hacia adelante como la conveniencia de los españoles exige. Por eso no se interpreta bien que quienes por lo bajo piden en el PSOE leonés una abstención permisiva (nunca pedimos un apoyo expreso con votación a favor ya) insinúen al final una guillotina que hará a Sánchez encastillarse más en su mismidad. Dicen que quieren ser oposición; pero para eso, tiene que haber un gobierno frente al que ponerse.
Por eso le pedimos a los socialistas leoneses, a quienes han ganado y han perdido elecciones, a quienes han estado en el gobierno (qué recientes las palabras del propio Zapatero al respecto) y en la oposición, pero siempre se situaron en el servicio a los leoneses y a los españoles, que rompan —con esos palos que sí dicen dar al agua— el círculo estrecho que sin alternativa alguna nos llevaría a unas terceras elecciones de un altísimo coste, no para el PP sino para la credibilidad misma del sistema. Porque si no, los leoneses tendrían que volver a elegir entre los que ellos dicen no damos un palo al agua y los que nosotros decimos que dan un palo al país. Y eso es, a estas alturas, cansino hasta el hartazgo.