Publicado por
Jesús María Cantalapiedra escritor
León

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D ebido a una mala caída, convertida en buena costalada debida a la Ley de la Gravedad de Newton, durante un mes más o menos, tuve el infortunio de atisbar intermitentemente numerosas cadenas de televisión en sus diversas versiones; tanto esa de la que todos los españoles somos sus propietarios, como la pléyade de emisoras de extrañas siglas con las que se nos regala a indígenas y foráneos, dando la brasa o la turra en sesión continua. Habría que remarcar que a pesar de las doscientas cadenas ofertadas (Santo Dios, Santo Inmortal, líbranos Señor de todo mal) en realidad se reducen a cinco o seis con el mismo consejo de administración. Y añado: emiten películas de la época de la invención del llamado séptimo arte. Sí. Lo sé. En algún caso pueden englobarse dentro de tal apartado. Precisamente, son las que proyectan a horas impresentables. Sabido es.

Pero, quiero referirme a lo que el columnista ha podido observar durante la dolencia traumática provocada (no hay duda) por el esmirriado científico Isaac Newton, que Dios tenga en la Gloria.

A) Debates políticos. Mi habitual confusión y desconcierto fue aumentando en la misma medida que la codicia de despachos, la falta de ética y la mentira generalizada que se observa. En cuanto al desconcierto es fácil la explicación e implicación: en tres o cuatro cadenas de alto share, casi a la misma hora, la interpretación de una noticia controvertida es diametralmente opuesta y subjetiva a tres o cuatro bandas; tanto su origen, como desarrollo y colofón. Y, ¿a quiénes creen las almas cándidas? A ninguno de los politólogos, a pesar de que están tan de moda boba. El televidente se vuelve tarumba. Como con los «expertos», que han surgido como la flor de lavanda en la Provence de mis amores. Sabido es.

B) Concursos y enseñanzas de coquinaria y gastronomía en general. Esa larguísima relación de avispados «chefs» y espacios (en todas las cadenas y sesiones de mañana tarde y noche) que muestran cómo se elabora el puturrú de foie con algas liofilizadas en lecho de frambuesas templadas y escamas naturales de Omega-3 que, como todo el mundo sabe, contiene el imprescindible ácido docosahexaenoico, curativo para cualquier andancio o visionado de los debates anteriormente citados. El televidente no se entera de la fiesta, ni por supuesto de su rápida preparación. ¿Qué ocurre? Que el paterfamilias y prole, acaban comiendo el ‘jodío’ huevo frito que la señora hace con primor y mimo de madraza. Sabido es.

C) Fútbol. Señoras y señores: transmiten a cualquier hora hasta los dieciseisavos de final entre el Alpedrete y el Zaratán; hasta la Liga o la Copa de países como Transnitria (gobernada por la República de Moldavia), Bhutan (Sur de Asia); Cultural y Deportiva Leonesa (cuando viene La Roja), y una larga relación de partidos de equipos populares españoles sin interés alguno. Siempre ganan los mismos. Sabido es.

Hablando de deportes o juegos, a ninguna cadena se le ocurre transmitir campeonatos de ‘Tirachinas’, cuando, es cierto, existen federaciones y competiciones en casi toda España (en Asturias llámanle ‘Gomeru’), la mitad de Europa, América del Sur e, incluso Australia. Tampoco televisan e informan de que en Carbajal de la Legua (León) una serie de vecinos están confeccionando los Estatutos de la Asociación o Federación de ‘Tirachinas’ (observe el lector que se escribe todo junto, para evitar confusiones), y que llegaron al acuerdo en una conversación y debate de quince minutos. No como otros, que con todos los medios a su alcance tardan más de una preñez en formar Gobierno. Sabido es.

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D) Por último, otra turra y brasa de solemnidad, la que nos endilgan durante horas diarias con las bodas y rebodas de los hijos, hijastros, tíos, tías, cuñados, primos, etcétera, aparte allegados, de cualquier folclórica más o menos imputada o confesa. Sabido es.