Diario de León
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león en verso luis urdiales
León

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A pastor mayor de los Montes de Luna no se llega por concurso oposición y méritos, como a consejero del Banco Mundial. Se sabe de un par de periodistas que han dedicado el último lustro a meter fichas y, de momento, el bombo les ha devuelto el mismo éxito que a Soria por la lista de Panamá y el asesinato alevoso de la minería. Esa criba, ese filtro de purgatorio, aporta detalles positivos al evento, y al relato de nombres insignes que corona el palmarés de un título vitalicio, con el que, una vez otorgado, se va a la tumba. El acontecimiento va embalado a los cuarenta años; otro aditivo que refuerza lo excepcional e inusual en medio de un León al que las cosas buenas le suelen caducar o por puras o por putrefactas. El último en subir al altar que reconoce esa tierra de ejemplo de subsistencia, de titanes luniegos resistentes al desierto lunático que les despachó Franco sobre sus cabezas, fue Antonio Colinas, que construye la vida en verso; a paso consonante y asonante; al ritmo reflexivo que emplean los pastores para ser ellos y sus circunstancias, esencia de la fiesta que cada segundo domingo de septiembre convoca a los fieles a Los Barrios. Barrios de Luna llena, glosó Colinas en un poema eterno que se encargó de mecer Raquel Familiar Morán para dar más profundidad al Museo del Pastor, que es un hermitage etnográfico que esconde el valle como un tesoro y debería señalarse con luminosos en la autopista para que a nadie le quede la disculpa de no haberlo visto por no saber. Barrios de Luna llena, insistió Colinas el último domingo, mientras recitó los versos con los que hace medio siglo ajustó la memoria de la infancia. Todo lo que fue León de mitad hacia arriba (si se toma norte como referencia) se concentra en las vísperas del Cristo en los jardines del Colchón, entre ese gentío selectivo que llena la localidad para conmemorar lo que fue y es el pastoreo; el pastor y sus circunstancias, sus mastines y careas, sus rebaños y los mansos que le siguen como siguen los cisnes la aurora polar al poner rumbo migratorio; el pastor y sus descendientes. Lo más grande de la fiesta del Pastor es que no necesita promoción; es una primavera en vísperas del otoño. Fascinante, además de la cátedra de conocimiento que forman sus pastores mayores.

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