Diario de León
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cuarto creciente carlos fidalgo
León

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E l verano se acaba y nos llega la lluvia y el frío, y un incendio forestal pavoroso, que deja un desierto negro en los montes de Fabero, Páramo y Peranzanes, algunos pajares quemados, el susto en el cuerpo, el agua contaminada en los grifos de los pueblos, y una sensación de impotencia frente al fuego que no es nueva. Se busca a un pirómano. A un enfermo mental. Pero detrás de la mayoría de los incendios forestales suele haber otros intereses y para atajar esa lacra, lo primero que hay que preguntarse es si hay alguien que saque tajada del monte quemado.

El verano termina y nos trae una noticia aún peor. Endesa tiene previsto cerrar la central térmica de Compostilla en el año 2020 si no cambian las cosas, aseguran desde el Consejo del Bierzo después de reunirse con el consejero delegado. Y algo tiene que cambiar, sin duda, aunque la Junta de Castilla y León no se quiera dar por enterada hasta que no sea la propia eléctrica la que hable. No está de más recordar que todas las dudas sobre el futuro de Compostilla comenzaron el día en que el Gobierno de Aznar privatizó Endesa y la dejó en manos de una empresa (pública) italiana. Qué paradoja.

También se ciernen sombras sobre el Hospital del Bierzo. Crecen las voces que advierten de que las nuevas unidades de gestión clínica son una privatización encubierta. Y de nuevo chocan, y de qué forma, dos maneras de entender el mundo. Yo soy de los que defienden que la Sanidad y la Educación —y visto lo visto, habría que reflexionar sobre el sector energético— no deben estar en manos privadas. No, mientras no nos dotemos de mecanismos que nos protejan.

El martes, en un día de frío y de lluvia, asomado al balcón del Ayuntamiento de Bembibre para pregonar las Fiestas del Cristo, les pedí a mis paisanos que no bajaran nunca la cabeza. Y les conté la historia de Emil Zátopek, el héroe del atletismo checo convertido en barrendero como castigo por su apoyo a la Primavera de Praga. Les dije —aquí también lo he contado— que los vecinos de la avenida que tenía que dejar limpia Zátopek barrían cada día su parte de la acera para que no tuviera que hacerlo él.

Y esa es la idea. Que cada uno barra su parte de la acera. Pero que no nos quiten la escoba.

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