TRIBUNA
Nacimiento y desaparición de las cajas de ahorros
L uchar contra la usura de banqueros y prestamistas y el que los más necesitados pudieran acceder al crédito en condiciones no abusivas, fueron motivos para que en la Edad Media surgieran las Arcas de Limosnas, las Arcas de Misericordia, los Pósitos y los Montes de Piedad, instituciones consideradas como los antecedentes de las cajas de ahorros. Así, pues, el nacimiento de las cajas tuvo su origen en la usura.
Serían los PP. Franciscanos quienes buscaran una solución para combatirla, y guiados por sus creencias religiosas utilizaron la vía de la caridad y la beneficencia para prestar su apoyo a la creación de aquellas primeras instituciones benéficas. Por ello, además de la usura, la práctica de la caridad también estuvo en su origen.
En España, el nacimiento de las cajas de ahorros se inició a partir de 1835 con la publicación de la Real Orden de 3 de abril. Fueron creadas por unos hombres que se habían educado en el pensamiento de la Ilustración, que creían en la libertad y en la razón como bases del comportamiento, que procuraron promover la economía como medio de asegurar la convivencia y el progreso, y que trataron de mejorar la vida y las condiciones sociales del pueblo español mediante la educación, el trabajo y el ahorro.
Esos hombres pueden encuadrarse en tres grupos: los vinculados a la Iglesia Católica, bien por iniciativa individual (sacerdotes, frailes, obispos) o a través de colectivos (congregaciones y órdenes religiosas); los pertenecientes a la Sociedad Civil, formado por particulares (filántropos e influyentes) y organizaciones civiles (Sociedades Económicas de Amigos del País); y las corporaciones públicas (diputaciones y ayuntamientos).
Las cajas de ahorros españolas respondieron históricamente a las cambiantes demandas y exigencias que la sociedad española planteó en diferentes periodos. Desde sus inicios, cuando la burguesía liberal e ilustrada las introdujo para desempeñar un papel moralizante y benéfico, y en los demás períodos históricos por los que transitaron, las cajas se fueron transformando para cumplir un papel social primero, económico después, y financiero más tarde. A lo largo de casi dos siglos de existencia, la principal novedad que aportaron consistió en su disponibilidad permanente como intermediarios financieros dedicados a la recepción del ahorro minorista, mediante el fomento y captación del ahorro familiar, a la concesión de préstamos a familias, autónomos y pequeñas y medianas empresas, así como a preservar las características básicas de su naturaleza fundacional: ausencia de lucro, especialización en el negocio de banca al por menor, dedicación preferente a su ámbito de actuación, minimizar el riesgo de sus inversiones, colaborar con asociaciones, instituciones y organismos públicos y privados, y atender las necesidades de su Obra Social y Cultural, referente fundamental y uno de los pilares más sólidos de su prestigio en la sociedad española.
No cabe duda de que su historia estuvo marcada por tres grandes realidades: su oportuna aparición, su brillante evolución y su lamentable desaparición.
La desaparición de las cajas de ahorros en España, poco explicada, justificada con medias verdades y bien ocultada, tuvo causas y actores. Entre sus causas se encuentra el descarado expolio al que fueron sometidas por personas llenas de codicia, que sin el debido nivel profesional para su gestión, unos, y sin ningún tipo de escrúpulo, todos, terminaron con unas entidades centenarias que mucho bien hicieron en favor de la sociedad en general, y de los clientes en particular. La codicia fue el germen y fuerza motriz del expolio, convirtiéndose igualmente en causa de la desaparición de estas instituciones.
Pero las cajas de ahorros en España han desaparecido también a causa de una serie de conductas irresponsables protagonizadas por hombres incompetentes, arribistas y vividores, que olvidaron el criterio de prudencia y un componente ético sobre los que apoyar sus decisiones. Todos esos hombres, según su responsabilidad, pueden agruparse en seis categorías de actores: por acción (gestores ineptos), por omisión (supervisores ausentes), por comisión (políticos corruptos), por competición (bancos depredadores), por demolición (cajas díscolas) y por acomodación (sindicalistas acríticos).
Todos ellos formaron un elenco que deberían sonrojarse por su ineficacia, dejadez, codicia, astucia, traición y sumisión, comportamientos todos ellos que desembocaron primero en el expolio y finalmente en la desaparición de unas entidades centenarias, cuyo legado quedará recogido con el tiempo en museos, archivos y libros, convirtiéndose en fiel y permanente memoria de cuantos quieren que la historia haga justicia a unas (las cajas de ahorros) por su contribución a la sociedad a la que sirvieron, y a otros (los actores que propiciaron su desaparición), por utilizarlas para sus intereses particulares y en beneficio propio.
En 2010 el sector de las cajas de ahorros, casi en su totalidad, salvo las cajas de Pollensa y Onteniente, desaparece como tal del Sistema Financiero Español.
Fue un final inesperado y nunca deseado para unas instituciones que han hecho historia (y de la buena) en una sociedad a la que quisieron y supieron, mientras pudieron, prestar unos servicios que difícilmente podrán ofrecerse desde unas nuevas entidades que poco o nada tienen que ver con la naturaleza y filosofía de las cajas de ahorros.
El proceso de desaparición de las cajas de ahorros en España, ambiguamente denominado también por algunos analistas financieros como proceso de transformación, reestructuración o reordenación bancaria, se ha desarrollado rápidamente en tres fases: integración, por realizarse fusiones e integraciones de Cajas en Sistemas Institucionales de Protección (SIP); bancarización, por la conversión de las cajas y sus entidades instrumentales en bancos; y oligopolización, por la reducción del número de entidades financieras, ocasionándose, por ello, falta de competencia, aparición de nuevas formas de usura, y una vuelta atrás de 550 años. ¿Cuántas veces hemos oído decir que si no existieran las cajas de ahorros habría que inventarlas? Dicho queda.
Usura y caridad, codicia y expolio, principio y fin de las cajas de ahorros.