Diario de León
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león en verso luis urdiales
León

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H ay viajes que no merecen una alforja; todo ese tránsito para mejorar las condiciones de circulación por la LE-20 a la altura de la Granja, por ejemplo. Ya sabían los leoneses que les iba a ir grande un traje a medida de la solución que salvó del caos a Michaisa, del mismo pelo que la alternativa del paso de la calle la Serna a Villaobispo, que tenía demasiado dulce para la boca leonesa, proyecto fantasioso para los veinte mil o treinta mil conductores que a diario circunvalan la ciudad para acceder al hospital, o salir y llegar a sus casas en el poblado alfoz de Villaquilambre, la ribera del Torío u otros puntos al norte de la capital. Todos esos fantasiosos conductores son hoy carne en calceta por el embudo del carril derecho de la rotonda que se levantó en la ronda como solución adecuada a un proyecto megalómano (esto dijo una de las dos regentas que campearon en el ayuntamiento de León en el reinado de Gutiérrez); ahí está el carril derecho para quien elija el sentido norte y no quiera arriesgar a pasarse por el arco del triunfo las normas de circulación. Cuando desaparezca el semáforo que aún se yergue como faro del raciocinio en el límite con la provincia de la Candamia, la retención que ahora genera la disposición de la nueva estructura va a resultar una broma; la vía es un bosque de estrés perpetuo, sin remedio. Ahí queda la herencia que aceptaron los políticos leoneses a la orden del superior, por si algún artista quiere aprovecharla para mejorar la plazoleta central acristalada de Eras de Renueva, donde ha florecido un camión articulado, y estazado. O es una apología de los accidentes de tráfico o resulta que le falló el gepese y acabó perdido en la jungla con el porte de paquetones de forraje que llevaba a Asturias, analizó un lugareño sesudo que el 9 de septiembre se topó con el operativo de la exposición: la grúa de una empresa zamorana que montó la madre de todos los jaleos de tráfico en Reyes Leoneses para llegar al improvisado aparcamiento. Deberían regular por ley las emociones; disponer algún filtro que evite este aluvión de novedades que altera los sentidos de la gente, como si con la friega que campanea el día a día no fuera suficiente. No se puede someter a los leoneses a esta presión decadente que asola y confunde igual que en una celda entre versos del gran Baudelaire.

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