Sin miedo no hay paraíso
E l miedo es una de las armas más potentes de la política y útil especialmente para condicionar la voluntad de los electores en momentos de duda. El miedo actúa en dos direcciones. Puede inhibir del deseo de votar lo nuevo o retraer en apoyar lo más conservador. Pero contiene también el atractivo suficiente para captar el voto de quienes buscan un mensaje justiciero, promesas de depuración o juramento de liquidar los privilegios. de los otros. «El miedo va a cambiar de bando»; «la casta tiene miedo», son expresiones cada vez más frecuentes en la vida política nacional. La explicación de esos comentarios la encontramos en titulares de prensa que en su momento apuntaron un vuelco total en la correlación de fuerzas políticas: «Podemos supera (en intención de voto) al PP y el PSOE impulsado por la ira ciudadana». Es decir, dar miedo, sumarse a las filas de la ira justiciera, hacer pagar a otra parte de la sociedad los platos rotos, también puede ser una herramienta muy poderosa para captar apoyos. Eso parece pensar el líder de Podemos que, en su polémica con el número dos, afirmaba hace unos días que dar miedo a los creadores de opinión, a los ricos, a los poderosos, a «los que hacen sufrir a la gente»... ha sido una de las claves del éxito de su movimiento político. Es curioso. El mismo Pablo Iglesias que sostiene que Podemos tiene que dar miedo decía, después de la frustración en el asalto a la hegemonía de la izquierda y el fracaso de unas encuestas que garantizaban el sorpasso, que había perdido un millón de votos de simpatizantes, «por miedo a lo nuevo». Así que el temor es un arma de doble filo. Da o quita.
Este manejo de «dar miedo» en positivo, para ganar votos, como catalizador del apoyo de la gente, es un asunto bastante novedoso en nuestra vida política. Creo que encuentra su sentido en el origen del movimiento indignado que, sin tener muy articulada su propuesta política, sí que había identificado al culpable de sus penas.
El fenómeno Trump tiene también sus raíces en una clase media blanca que se sube al carro de un personaje que provoca temor, como el pingüino de Batman en Golem. Mala noticia para la democracia cuando las pasiones, el rencor y la revancha mueven los hilos de la política y del electorado.