Diario de León
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Mi prima Nana

H ubo un tiempo en que había la costumbre de repetir los nombres de padres a hijos y nietos, mi abuela materna se llamaba Jacinta, nombre que puso a una de sus hijas, que ésta repitió en su hija, y también a otra prima.

Lo mismo ocurre con mi querida prima Nana, recientemente fallecida. Su abuela, que era también la mía se llamaba Victoriana. Entre sus ocho hijos puso Victoriana a una de ellas y dos nietas más se llamaron así, la última la que acabamos de perder, aunque siempre la llamábamos Nana.

Fue una buena madre, esposa y persona; yo no voy aquí a hacer un elogio de su vida porque seguro que me quedaría corto: lo que sí voy a contar para paliar algo la tristeza de su fallecimiento en una anécdota que me pasó con ella y de la que me siento todavía avergonzado y desde aquí pido que me perdone. Cuando tenía cerca de 15 años, vino a pasar unos días a casa de mis padres —su familia vivía en La Bañeza y nosotros en León—, porque antiguamente los familiares que vivíamos en distintas ciudades nos visitábamos alguna vez y nunca nadie buscó fonda, pues entre nosotros no había duda alguna en compartir comida y cama dentro de las comodidades de cada cual.

Yo tengo cerca de un año menos que ella y me sacaba medio metro de altura, pero me sentía obligado a ser su primo el espléndido, y con dos pesetas que tenía, la invité al cine de sesión continua que por una peseta se veían dos películas en el teatro Alfageme. Pero claro, ese precio era para general, porque la butaca costaba más cará.

Allí nos presentamos y como no era normal que una chica adolescente fuese sola al cine, a general que estaba lleno de gamberretes, digo sola porque yo de abogado defensor no tenía un pelo, por lo que cuando vio que corría peligro con alguno de los sentados cerca, se levantó y llamó al acomodador que ahuyentó a los molestones y estuvo viendo las dos películas atrás cerca del acomodador por si hacía falta llamarle, y yo viendo las películas como un tonto, sin enterarme de nada pero orgulloso de haber invitado a mi prima al cine.

También fui alguna vez a La Bañeza. Vivían en la carretera de Alija. Me entendía muy bien con su hermano Paquito, que era de mi edad, y aunque era mudo nos comunicábamos bien.

Nana se casó joven con Miguel Lobato, perteneciente a una familia industrial de La Bañeza muy conocida. Tuvieron cuatro hijos; Fabiola, María Pilar, Luis M. y Rocío.

Yo también formé mi familia: tres hijos y consortes, y cuatro nietos, pero tanto mi descendencia como la suya, no se conocen, no por enemistad sino porque hoy han cambiado las costumbres.

Nana, espero que me perdones desde arriba lo que te hice sufrir en el teatro Alfageme, por no saber obsequiarte como merecías. Te rezaré en la intimidad sin testigos que ofendan.

MANUEL ALONSO PÉREZ. lEÓN

Desvíos en

Santa María del Páramo

E ste domingo iba conduciendo hacia León por la carretera de Santa María del Páramo. Y al llegar a la localidad, como siempre, tomé la circunvalación: primera rotonda hacia la izquierda.

Pero cuando llego a la segunda rotonda (la de Hospital de Órbigo), me encuentro con que han puesto vallas y no puedo ir a León ni entrar en Santa María del Páramo.

Muy cabreado me dirijo a uno de Protección Civil y le pregunto por qué está la circunvalación cerrada al tráfico. Y me dice que hay una carrera popular. Y le digo que yo quiero ir a León a ver qué hago.

Y me da dos opciones: ir a Hospital de Órbigo o dar media vuelta y usar la circunvalación pero sentido Villamañán, y que me daba él estas indicaciones gracias a que se lo había preguntado a la Guardia Civil, porque él era de Extremadura.

Y yo me pregunto, a los organizadores de la carrera, Policía Local de Santa María del Páramo o Ayuntamiento ¿tan difícil, tan complicado, había que pensar tanto, para que se le hubiese ocurrido a alguien, poner en la primera rotonda, una valla de tráfico con aunque fuese un cartón pintado a rotulador, señalizando ’León’ y una flecha, para que hubiésemos podido coger, los conductores que íbamos de La Bañeza, la circunvalación al revés, y no hacernos dar un cacho de vuelta y luego hacernos volver sobre nuestros pasos?

EMILIO GARCÍA RANZ. CASTROCALBÓN

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